Un olor a eucalipto me adormece, me empalaga; sabor a Santa María y chimó lo endulza y refresca y aun sigo dormitado, siento como se cala el hueso al ser despojado el calor, el epicentro de mi tiritar es justamente donde florece el dolor, la rabia, la tristeza. Como raíz que crece en la sombra germinó el rencor por no deshacerme de sus semillas al final del día, siento calambres en mis nudillos, lloran entre las comisuras de la ansiedad la misma sangre que podría derramar por quienes son indispensables para mí, aún tengo polvo y hollín mezclados en mis heridas para vendarlas, sólo duele para recordar que podría estar peor, para recordar que el dolor me ayuda a estar bien, puedo tener la seguridad de que aún siento, aunque mi cara solo refleja el odio que tengo, puedo sentir dolor, puedo ser humano, pero debo reservarlo, no puedo revelarlo, sólo con eso me siento agotado.
Fragancia de vainilla en café de varios días, melifluo el pulso por el que deseo seguir, sonata de amónica en La menor que aligera el superfluo pesar del alma, tal cual voz en claro de luna bajo llovizna de dientes de león, se vuelve tóxico el oxígeno cuando vives del humo del cigarrillo, se vuelve extraña el agua cuando aprendes a nadar en alcohol, se vuelve pesado el rocío cuando te abrigas de polvo, se vuelve inconexa la mente cuando matas o matan a quien eres por hacerte creer que estas mal, cuando siempre has guerreado por lo justo.
No sé que es justo, tengo miedo de mis criterios, sólo pienso en defender a los míos por amor, pero por amor, debo hacer sufrir a otros. Palidezco ante esa idea ¿Sería correcto defender a los míos por odio y por odio debo hacer sufrir a otros? Explicaría la facilidad con la que he visto caer y caer.
Caen.
Caen Campanas, su estruendo hace temblar, opaca y ahoga mis gritos y abren compás al llanto, aguacero de metal que inunda, aturde y mata, su petricor no es más que gas que quema, arde y colapsa. Las aves ya no cantan, zumban y zumban como abejas con la intensidad de un león. Compasión no existe entre cielo y mundo, al menos, no ahora.
El concreto, vigas y hormigón es como el pajar de la aguja, y no consigo la salida, ser resiliente es una opción que no puedo tomar cuando corren ríos rojos hacia los grandes océanos. El Dios de mi corazón me ha blindado. Si muero será porque perdí la fe y no porque me han matado. Cuando el clarín de la patria llama hasta el clamor de la madre calla, pero no por el sempiterno silencio que quiere cubrir las voces de quienes lloramos vamos a colocar un puño de tierra para sepultar nuestro clamor. Si mi boca no fuese abierta, hablará mi fusil.
#PrayforSiria
-Blakely
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