lunes, 5 de marzo de 2018

Nadie


Cuando estaba sobre los quince años tenía la libertad de hacer de la noche mi momento más feliz del día, podía tener la seguridad de que nadie me diría qué hacer, pues además de ser invisible para mi familia y otras personas, sentía la compañía de las estrellas, del olor de la playa paseando con la brisa, el sonido de un móvil colgado en la ventana, y el gusto de un cigarrillo acariciando mi garganta. Esperaba que todos fueran a dormir y saciaran sus gritos y discusiones, las cuales hacían sin ningún tipo de remordimiento, después de todo, yo era translúcido para ellos. Subía a la ventana del último piso y solo esperaba a que mis ojos se acostumbraran a la belleza de la oscuridad, gracias a las estrellas conocí los deseos que brindaban esas esferas fugaces. Gracias al olor de la playa aprendí a querer a mi casa, aunque en el fondo, sabía que no correspondía ahí. Gracias al sonido del móvil de la ventana escuché mi melodía favorita. Gracias al humo del cigarrillo conocí a la muerte de mis esperanzas, y a pesar de que me sentía acompañado, supe que para ellos tampoco era nadie.

-Blakely

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