lunes, 15 de abril de 2019

Llampec



Enlutada sabana en mes de Mayo el cielo de gris se alumbra, vestidura de cortinas celestiales en la mirada del veguero sorprende, a lo lejos el potro relincha y apura el trote por un titan escondido en la tundra, se siente a pleno mediodía como eclipsa el sol con cristalinas gotas que entristecen, paso firme en los cañones se siente revivir del más allá el galope del de la quebrada, parece que se acaba el mundo en un lamento agonizante, sofoca la humedad en los bajos, te cala en los huesos en los altos, se sienten suaves las cayosas manos en los amarres y las monturas, no sabe igual el agua del pozo, el caney pierde el calor de la palma, el café y el tabaco caminan de la mano en el paso del pueblo, nadie asoma mirada para que no achique ni puerta ni ventana, se siente estremecer el cristal con el salpicar de la lluvia, el gris blanquecino desaparece del imneso cielo, y la sombra de montañas ocultas en las nubes aparecen a lo lejos abarcando la planicie, imposible calcular la altura del mismo parece que con un solo soplo nos condenaría a la perdición misma, el conuquero recoje su faena, la bestia espera en el potrero, el murmullo de las animas anuncia que hay muerte anunciada.

Indudable su recio poder por el cielo dislumbra, golpe, azul, certero, a todos en el pueblo asusta. El Relámpago ha sido liberado sobre el samán y consagra su llegada con estrepitoso trueno por toda la llanura.

El amarillez del araguaney se aviva bajo la oscura nube que lo cubre, alfombra de oro a sus pies se viste, grito de chicharra a la orquesta del diluvio emprende, hálitos de brisa se desvian a los matorrales despojanzo el azulado vestido de las trinitarias, la acacia y el anauco danzan con sus flores a la par de tamborileo de las templadas gotas, asi se forjó el acero contra el pavimento, el petricar, aroma de jazmín y barro, el primer trago para el suelo, algunos disparos al cielo, el relámpago no avisa cuando aparece de nuevo, antes de parpadear arquearse es manera de imponer su dominio, autócrata es el relámpago, su señorial presencia es inevitable, en los altos azota, en los bajos opaca, el chubasco anega los caminos y borra las huellas asi como borra la calma en los chaguaramos.

Cuando el relámpago se resguarda en la lejanía y su estruendo llega con tardío socorro no deja de ser imarcesible su viva imagen de titán en quien despavoridamente, se acorrala de su presencia. A la hora de sentencia del ocaso, el cielo en enfiladas nubes se desviste dejando su rojiza desnudez, crisol de acuamarina, escarlata y cian oscureciendose, como una doncella a punto de dormir parpados se cierran a la oscuridad infinita, los grillos cantan al caer la noche, el perro ladra a lo lejos, susurros se oyen en la choza y en frente de los poblados los centinelas aguardan entre el frio fenecimiento de un dia mas, en agonia. 

Santa paz de penuria, a lo lejos se ve el blanquecino haz de luz de una centella, relámpago se esconde entre las tinieblas, Quijote con los molinos, su propia batalla libra contra montaña y niebla, susurra el trueno que va ganando, aunque su grito lejano se encuentra, volverá en la mañana con su mismo tormento, ser temido, ser odiado, ya reposo no encuentra en el tiempo, qué solitario va el relámpago, cuando la tormenta está lejos.

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