domingo, 15 de abril de 2018

Fe

Amor y Amistad siempre iban juntos, siempre juntos iban y volvían al pasar, felices iban, tomados de la mano volvían, sobre el césped que pisaban sembraban armonía, recogían pasión y compartían sueños, ideas y añoranzas. De sobra tenían todo, no les faltaba energía, eran implacables, o eso parecía. Amor acompañaba a Amistad al bosque y Amor llevaba a Amistad a la playa. Cuando de pintar se trataba, trazaban los paisajes en carmesí, azul cielo, marrón grisáceo sutiles y armónicos de sus lugares favoritos, maestros de lo bello y natural, uno amante de la luna y la otra amante del sol. 

Un día de paseo por el bosque encontraron a unos amigos, aunque Amistad no confiaba en ellos, pero confiaba en Amor ya que él los quería, de hecho sólo por Amor, Amistad abrió su nobleza aún cuando se sentía expuesta. Conocieron a Odio, Envidia, Mentira, Desprecio y Maldad.
Envidia quería a Amistad por lo feliz que era con Amor, pero Odio le decía que odio debía haber entre ellos para que Amistad olvidara el amor de Amor. Mentira y Desprecio planearon el golpe para romper el corazón de Amor y crear disgusto en Amistad para que Maldad pudiese estar con Amor, pues ella quería a Amor.
Desprecio le dijo a Amistad que Amor no quería estar más con ella porque su nobleza era ciega y débil, Deprecio le aconsejó que debía ser como su primo Orgullo, primero viendo por él y no hablarle a Amor hasta que él no le dirigiera la palabra. Amistad sintió un duro golpe en el pecho y por el simple hecho de sentirse tan mal, decidió no hablar con Amor hasta él lo hiciera y se fue corriendo lejos al bosque.

Amor sentía la ausencia de Amistad y cuando decidió preguntar por ella Mentira le dijo que se había ido con el apuesto Deseo porque el amor de Amor no era suficiente para ella y decidió irse sin avisar, sin despedirse, para siempre. Amor cayó en dolor de la pérdida de su fiel acompañante, Odio enviaba cartas a Amistad firmando como Amor redactando lo feliz que era con sus amigos y que no era necesario que volviera, pues se sentía mucho mejor sin su presencia. Lo mismo hacía Odio con Amor, enviaba cartas firmando como Amistad pero profesando su desunión, pues el amor que encontró en Deseo fue mayor del que Amor lograba influir en ella.


Amor y Amistad ya no eran amigos.
Amor y amistad no se amaban.



Con el tiempo Envidia encontró, consoló y sedujo a Amistad y entre sus empalagosos besos, Amistad perdió su esencia, su pensar. Día tras día el recuerdo de Amor era mínimo hasta el olvido. Ya no había un verdadero amor en Amistad. De su repugnante unión nació Hipocresía, bautizada por Odio.

Maldad se hizo con Amor en cuerpo y alma, corrompió lo que para Amor era justo, hasta el punto de que el amor de Amor fuese veneno, Amor estaba enfermo y Maldad se alimentaba de él. De su terrible unión nacieron Muerte, Hambre y Guerra.

Amor en el fondo del fondo sí recordaba a Amistad. Amor nunca olvidaba las cálidas tardes al lado de Amistad, las frías mañanas abrazadas por ella, y las noches en las que Amor le cantaba para dormir. Sus abrazos, el celaje de su cabello en la orilla del mar. Amor un día encontró uno de los lienzos de Amistad, un claro del bosque donde soñaba con una casa para ellos dos. Recobrando un poco la compostura y envalentonado por la idea, Amor sabía que Amistad iría a ese lugar si tuviese que ir a algún sitio, y buscó a Amistad a espaldas de Maldad.

Amistad escuchaba una voz que aclamaba fuera en el bosque, pero los parloteos de Hipocresía la hacían dudar al punto de pensar en su pérdida de cordura. Amor llamaba, pero Amistad se veía en ilusiones, en un infierno donde ya no había mariposas, y eso estaba bien según Envidia. Envidia parió a Rencor para que Amor no encontrara a Amistad y envió a su hijo menor a por Amor.
Amor no necesitó más que un puñal de desprendimiento para asesinar a Rencor y ante la caridad y conformidad de Amor, Envidia murió con solo ser rozada con la brisa de Amor al pasar. El odio que había en Hipocresía era tal que Amor dudó en enfrentarse a Ella. Amor recordó su lealtad a Amistad y fue recobrando poco a poco por qué luchaba, todo tenía claridad. Solo bastó un golpe de sinceridad para aplacar a Hipocresía. Amistad ante todo ésto, disparó a quemarropa una bala de orgullo a Amor y sintió una puñalada de dolor, mucho dolor punzante, ardiente, la ilusión inducida por Envidia fue culminada y ante Amistad yacía arrodillado Amor. Amistad cometió la peor cosa que pudo haber hecho, mató al verdadero amor por creer que Amor mató a quienes quería de verdad, pero no era así.


Amor se levantó y dejó caer bajo su túnica una coraza de humildad. Amor sonrió y Amistad lloró entre los brazos de Amor y su llanto hizo que el mundo se estremeciera. Amor cobijó a Amistad, todo volvía a estar bien... Pero Maldad se enteró de lo que pasaba y envió a Hambre, Muerte y Guerra a matar Amistad y Amor. El claro en el bosque donde Amor y Amistad estaban fué lleno de oscuridad y fuego en el cielo. Hambre, Muerte y Guerra apuntaron contra sus dos blancos, quienes estaban unidos por su inseparable abrazo. Las lágrimas sinceras de Amistad soldaron el cuerpo de Amor con el suyo y protegió Amor a Amistad entre sus brazos. Dispararon pues, Hambre, Muerte y Guerra contra Amor y Amistad, más la protección de Fe estuvo con ellos y los disparos rebotaron dando muerte a los verdugos. A todo ésto Maldad se dejó ver para sostener a sus hijos morir frente a ella, enfureció tanto que segada por el odio hacia Amor y Amistad decidió en un último esfuerzo explotarse a sí misma para llevarse con ella todo lo que existiera en su alrededor. Amistad y Amor eran uno solo, su fe los mantendría vivos y si no, estarían seguros de que no habría nada más que los separase. 
Maldad en su arrebato explotó y el fuego infernal se extendió hasta las nubes y opacó la luz del sol, quemó el bosque, la pradera, y el hogar de todos sus conocidos, murieron aquellos a quienes consideraba secuaces y sus cenizas se extendieron por todo el mundo. Cuando Amor y Amistad levantaron la vista no había más que destrucción, fuego y polvo.

-Sobre el polvo sembraremos- dijo Amor
-Recogeremos la misma maldad que nos separaró- dijo Amistad
-Observa bien-
Amistad se focalizó en el suelo cenícero donde estaban parados, una raicilla de samán estaba brotando. -Vida..- susurró Amistad. -Con más razón ¡Ahora tendrá maldad siempre!- dijo con más fuerza. 
-Si sembramos lo que somos eso no pasará.- dijo Amor -Siempre habrá maldad. Pero nuestro deber es enseñar a no creer en quienes nos desunieron, pues ciertamente ellos tambien crecerán mientras haya alguien que quiera y ame habrá lucha contra la maldad que ahora cubre al mundo- puntualizó.
-Hay mucha tierra por sembrar, moriremos de ancianos y no habremos llenado el mundo- dijo agotada
-Enseñemos a Vida a amar, querer y sobre todo, contar con Fe. Tal vez más adelante, cuando el caos reine de nuevo, haya alguno que sea testigo de que la unión hará la fuerza y crea en ello.-


El mundo está mal. 
Aquí quedamos los que creemos.
Ten Fe.


-Blakely


domingo, 1 de abril de 2018

Alicia

Basado en hechos reales.


De todas las muertes que he visto en mi vida como veterano de guerra, la muerte de Alicia es una de las que nunca podré olvidar, y no por su valentía en combate, la manera en que se desplazaba bajo bombas aéreas o esquivando balas enemigas; Alicia era mi vecina. 


Desde niño vi su mundo tan diferente al mío, y no lo comprendía, cuando logre entender la diferencia entre pobres y ricos, me di cuenta que en su caso era el menos favorable, la veía desde la ventana de mi casa caminar descalza, se bañaba bajo la lluvia con sus hermanos menores y reían hasta que caía la noche y su padre los llamaba. No me imaginaba a mi mismo en ese plan y mis padres me prohibían andar con los de su clase, lo cual tampoco entendía por qué. En las noches escuchaba llantos de sus hermanos, a veces porque, según mi mama, "Es necesario dar buenas lecciones de disciplina a la fuerza" luego se escuchaban repetidos chasquidos, como una fusta golpeando a un caballo,. Pero muchas otras veces, los pequeños lloraban de manera desesperada, cuando cumplí los 13, entendí que era hambre lo que pasaban, casi todos los días. Durante mi adolescencia me interesé por las artes militares, asistí a una preparatoria militar y me imaginaba siendo un patriota todas las noches al dormir, pensamientos interrumpidos por como un padre borracho golpeaba a su hija, y los horribles gritos de ella.


Con mis 17 años terminé mis estudios de preparatoria y antes de irme a la academia decidí tomarme un tiempo libre para estar con familiares, salir con amigos y fumar tabacos a escondidas, jugar béisbol en las tardes, y en las noches ver por mi ventana hacia donde ella estaba siempre sentada, me gustaba, eso seguro, ni las descendientes de la más alta alcurnia se podían comparar con su piel color canela, sus ojos claros como el ámbar y prismados en un espectro violeta, no era la más hermosa de la ciudad sin embargo para mi lo era. Pero algo le faltaba, se veía sola, se veía triste. Ya no sonreía.

Cuando estalló la gran guerra ya yo estaba en mis 38 años, y fueron 4 años que pusieron a prueba todos mis conocimientos, valores y fundamentos dados en la academia de infantería para quedar con vida y victoriosos en el conflicto, sin mencionar las largas horas de plantón, los exhaustos ejercicios disciplinarios las noches de guardia, horas de sueño perdidos y los cepillos que dejé gastados en los retretes de los coroneles. Muchos hermanos murieron, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, vi correr mucha sangre por las cordilleras y en las trincheras, vi como las balas opacaban la luz de la luna y eclipsaban con ella los ojos de la muerte, callando con un soplo estruendoso al silbido de la vida. cuatro años de baños de sangre y morfina, gases tóxicos y asfixiantes. Ya los gallos no despertaban en la mañana, lo hacían las sirenas antibombardeos, ya el sabor del polvo empalagaba, y el uniforme se convirtió en nuestra piel.
Cuando todo acabó, hasta al sol era extraño en la mañana, ya no irradiaba como antes, ya no veríamos el mundo de la misma manera, cuando fuimos nosotros mismos parte del desastre, cuatro años de masacre y a la final, ¿Realmente ganamos?

Cuando volví a casa, pasé tiempo aislado, ya no quería nada con nadie, estaba delirando,veía sangre en mis dedos, en mis cereales, en las paredes, al cerrar los ojos, estaba enfermo y los perturbadores sueños abrazaban mi tranquilidad hasta ahorcarla. Sentía que era la condena perpetua mandada por Dios para castigarme, hasta que ella me visitó. Una mujer, más que eso, una mujer con ojos fulminantemente hipnóticos, pero solo era su noble naturaleza, sólo era un halo de luces en carne propia. No dijo mucho -Tiempo sin verte.- y me tendió una carta del hospital local diciendo que ella me cuidaría, Y lo hizo.
Un mes fue suficiente para verme en condiciones estables, en una semana Alicia logró hacerme salir a la esquina, y al día siguiente al parque, podía hablar con los demás sin a idea de que alguien me fuese a pegar un tiro en la cabeza, o pisar una grieta y que explotara una mina. Me sentía bien, y mejoraba cada día, pero sobre todo cuando salía en las noches con ella. Largos paseos, me dieron a conocer su historia, luego de quedar sola con sus hermanos, logró crecer con un pequeño trabajo de limpieza a domicilio. Luego logró hacer su nivelación, y posterior a ello, entró como ayudante de enfermería, y al estallar la guerra sirvió en las ciudades destrozadas. Sus hermanos vivían con ella aún, eran parte de la milicia. Cuando me contó sobre su lucha contra el cáncer, me sentí más conectado a ella, ambos habíamos tenido grandes guerras, solo que la de ella no había terminado. Ella estaba más cerca de mi, era lo más preciado que tenia y nunca lo supo. Un 15 de Junio en la noche, después de haber hablado con ella y haberla abrazado por primera vez. Sus hermanos clamaron por ayuda, yo desperté de golpe, Alicia estaba muriendo, salí hacia su casa corriendo, cuando entré en su casa estaba tendida en la cama, sus ojos estaban fijos, ya no tenían brillo, su tez más pálida, y sus latidos cada vez más fríos en su terso cuello, su respiración apenas era un murmullo. Murió, en mis brazos, y no pude hacer nada.
Cuando el médico llegó no había nada que hacer, luego de su funeral, me culpe tanto por no hacer algo, puede reanimarla, pude llevarla corriendo al hospital, era mi culpa por no haber actuado rápido. Y ella se fue sin más, sufrió y no logré nada para mejorarlo..

Esa noche en la ciudad tembló, un temblor muy tenue, pero se hizo sentir. Alicia hizo sentir su muerte. Y se hizo sentir en mi mente tres días después de no lograr conciliar el sueño.
-Vaya que eres duro de visitar- dijo ella mirándome con una mirada dulce, serena y una voz muy cantarina.
-Nunca supiste cuánto te amaba- dije sin rodeos
-Siempre lo supe, Amadeus. No eras el único que veía por la ventana todas las noches- dijo ella dándome la más calurosa de las sonrisas.
Y desperté.

Tal vez Alicia no hubiese querido que yo me culpara por su muerte, pero nunca me imagine que su vida se iría literalmente de mis manos, todos estos años he bloqueado los recuerdos de la gran guerra, pero la gran guerra de Alicia aún sigue en pie, ella habrá perdido esa batalla, pero la guerra contra el cáncer continúa.

Stay strong, Fighters.


-Blakely