Mostrando las entradas con la etiqueta Triste. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Triste. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de agosto de 2019

Falling


Dedicado a Chandy. En honor a la lealtad. Y para aceptarnos en derrota para avanzar al triunfo.

En penuria, en deshonor.


Siento dolor en el pecho, no como daga en corazón sino como si mi vacío estuviese 
ardiendo, 
lo que me llena no lo tengo; mas guardado está en el mar, en la montaña, en el desierto; 
amo el suelo que piso mas no soy digno de ello, 
de estar subiendo la cordillera caí en el vacío rasgando mi piel contra llanura sin su 
lecho.


Me siento preso en el subsuelo y me cuesta renacer de nuevo, 
la moral por el piso, mis piernas cansadas y mi mirada perdida en el cielo, 
me siento abatido; casi en agonía, levantarme al pensarlo no puedo, 
me siento mal; así me siento, decaído, letargo y en duelo; 
murió mi honor y su cadáver reposa en mis hombros y pecho.



Ya no siento el escalofrío de Dios en mi piel, no sé si mi corazón se apartó de él, 
me falta el aliento; estoy descontento, no se sacia mi sed, 
el hambre me abunda, la suerte se marcha y el tiempo dedicado a correr; 
moribundo me encuentro, como zombi sentado, cuestiono mi carácter y fe; 
me veo arrugado, sombrío, ojeroso, hundido en discordia y sin ley.



No siento alegría, olvido tu cara, tus besos, abrazos y miel; 
busco en mis recuerdos los bellos momentos que deseo ahora otra vez, 
quisiera de nuevo un momento de gloria y demostrar que sí puedo también; 
quedé adormilado en plena agonía por el ofídico aroma a laurel, 
y dí lo mejor, más de lo que soy pero ahora quedó en el ayer.




Con lejanía y nostalgia veo en la montaña las luces de casas y a oscuras me 
pongo a  pensar, 
que tan solo por poco, por un poco más casi llego a mi puesto y lugar; 
ahora no entiendo ni qué hago aquí sin poder relatar un final, 
al menos no el que quise ni el que esperaba y la angustia me incita a llorar.



Me molesta el prójimo y su empatía, como si lástima fuera yo a dar, 
todo lo que pasa lo guardo para mi y lo que muestro es para Dios y mi altar; 
confidentes no existen, solo puras hienas que buscan que yo esté muy mal, 
sólo me encuentro, sueño con la brisa, el café la costa y el mar. 
Ser el bastillo, tener espadilla sin reino, sin miedo a caer al volar; 
pero penuria perpetua se ciñe en el pecho como ancla me impide zarpar.


Conservo tu foto y quisiera saber si aún así destrozado amarías
a éste pequeño servidor que a tu vida llegó y que aún por ti daría la vida, 
mis acciones demuestran, mis palabras se vuelan y en total las cosas varían; 
el murmullo del vientos tirita mis huesos y al sol mi piel se calcina, 
la noche me ayuda a aclarar las ideas, pero el cansancio mis ojos adormita; 
en la mañana el rencor florece, lastima mi paz y deja mi alma partida, 
una sola expresión, sin sonrisa ni son para nadie es amiga.




Cuánto me haces falta, oportunidad, y cuánto es el deseo por que llegues; 
más de lo pasional y lo ferviente, perturba el tiempo que pasa que opaca mi mente, 
enfermo de honor estoy; no sé ni quien soy, estoy sangrando y el dolor es muy fuerte, 
como el guayabo en lejanía añorando los arcos de la costa en rojo, amarillo y celeste; 
ya el melifluo sonido de esperanza se aparta, grita mi agonía y mi cuerpo estremece, 
solo queda un soplo de mi y calentarme con ello es lo que más me conviene. 
Sigo siendo guerrero, solo estoy muy herido, iré a por todo en la batalla que viene.


-Blakely

lunes, 16 de julio de 2018

Bajo ésta sombra, Sobre éstas rocas


Naufragio, ¿Cómo has llegado hasta acá? Hace mucho tiempo que el limo se ha apoderado de tu casco, borrando tu nombre, tu esencia, tu gloria. Sobre ésta sombra viniste a encallar, dejando tus amarres en el fondo del mar para pertenecer a las mismas aguas donde surcaste labrando en vano el indomable piélago. Bajo la sombra de éste acantilado, no logras ver paseo fúnebre del ocaso hacia el Oeste, solo estás condenado a ver el intenso amanecer florear al Este, el mismo en el que presagiaba el fin de la oscura marea, como brea impregnada en plata, templando tu proa con el achique del rocío, opacando más aún el brillo de tus lámparas a lo lejos, enseñándote que sin oscuridad, no puedes brillar, pero si te entregas a la oscuridad, perderán el rumbo quienes te siguen. Debías volver a las olas para vivir de la fuerte brisa mañanera, el guanaguanare, el alcatraz y la gaviota con sus bramidos se hicieron cancioncillas de tu recuerdo, interrumpidos con los azotes constantes de los grandes maretazos que vienen a morir aqui, con gran estruendo, a donde tú has venido también a morir y ahora vives condenado como Cerbero en puerta de infierno, dandole paso al cabrilleo del sol entre la espuma.



Pero Naufragio ¿Qué te ha hecho venir hasta acá? Fuiste traicionado por el mismo amor por el cual amaste y has dejado tu linea de timón cortada, te has entregado por amor a ser libre y esperas ahora en silencio, esperando a que crujas y toques fondo alguna vez, oxidado, roto, quedando a merced del océano mismo. Ya ni la tormenta más inclemente puede abrumarte cuando has logrado que el salitre sea quien te devuelva tus amarguras y te acostumbres a vivir con ellas... Vivir, qué irónico ¿Quién puede "vivir" con éste calvario? Es un estado de transición, es el paso a la muerte misma para vivir dentro de quien amaste, ahora lo entiendo, Naufragio, te rehusaste a morir en el dique seco para morir donde estaba tu puerto. Bajo este acantilado, sobre éstas rocas, Junto a tu amor, el mar. 

domingo, 1 de abril de 2018

Alicia

Basado en hechos reales.


De todas las muertes que he visto en mi vida como veterano de guerra, la muerte de Alicia es una de las que nunca podré olvidar, y no por su valentía en combate, la manera en que se desplazaba bajo bombas aéreas o esquivando balas enemigas; Alicia era mi vecina. 


Desde niño vi su mundo tan diferente al mío, y no lo comprendía, cuando logre entender la diferencia entre pobres y ricos, me di cuenta que en su caso era el menos favorable, la veía desde la ventana de mi casa caminar descalza, se bañaba bajo la lluvia con sus hermanos menores y reían hasta que caía la noche y su padre los llamaba. No me imaginaba a mi mismo en ese plan y mis padres me prohibían andar con los de su clase, lo cual tampoco entendía por qué. En las noches escuchaba llantos de sus hermanos, a veces porque, según mi mama, "Es necesario dar buenas lecciones de disciplina a la fuerza" luego se escuchaban repetidos chasquidos, como una fusta golpeando a un caballo,. Pero muchas otras veces, los pequeños lloraban de manera desesperada, cuando cumplí los 13, entendí que era hambre lo que pasaban, casi todos los días. Durante mi adolescencia me interesé por las artes militares, asistí a una preparatoria militar y me imaginaba siendo un patriota todas las noches al dormir, pensamientos interrumpidos por como un padre borracho golpeaba a su hija, y los horribles gritos de ella.


Con mis 17 años terminé mis estudios de preparatoria y antes de irme a la academia decidí tomarme un tiempo libre para estar con familiares, salir con amigos y fumar tabacos a escondidas, jugar béisbol en las tardes, y en las noches ver por mi ventana hacia donde ella estaba siempre sentada, me gustaba, eso seguro, ni las descendientes de la más alta alcurnia se podían comparar con su piel color canela, sus ojos claros como el ámbar y prismados en un espectro violeta, no era la más hermosa de la ciudad sin embargo para mi lo era. Pero algo le faltaba, se veía sola, se veía triste. Ya no sonreía.

Cuando estalló la gran guerra ya yo estaba en mis 38 años, y fueron 4 años que pusieron a prueba todos mis conocimientos, valores y fundamentos dados en la academia de infantería para quedar con vida y victoriosos en el conflicto, sin mencionar las largas horas de plantón, los exhaustos ejercicios disciplinarios las noches de guardia, horas de sueño perdidos y los cepillos que dejé gastados en los retretes de los coroneles. Muchos hermanos murieron, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, vi correr mucha sangre por las cordilleras y en las trincheras, vi como las balas opacaban la luz de la luna y eclipsaban con ella los ojos de la muerte, callando con un soplo estruendoso al silbido de la vida. cuatro años de baños de sangre y morfina, gases tóxicos y asfixiantes. Ya los gallos no despertaban en la mañana, lo hacían las sirenas antibombardeos, ya el sabor del polvo empalagaba, y el uniforme se convirtió en nuestra piel.
Cuando todo acabó, hasta al sol era extraño en la mañana, ya no irradiaba como antes, ya no veríamos el mundo de la misma manera, cuando fuimos nosotros mismos parte del desastre, cuatro años de masacre y a la final, ¿Realmente ganamos?

Cuando volví a casa, pasé tiempo aislado, ya no quería nada con nadie, estaba delirando,veía sangre en mis dedos, en mis cereales, en las paredes, al cerrar los ojos, estaba enfermo y los perturbadores sueños abrazaban mi tranquilidad hasta ahorcarla. Sentía que era la condena perpetua mandada por Dios para castigarme, hasta que ella me visitó. Una mujer, más que eso, una mujer con ojos fulminantemente hipnóticos, pero solo era su noble naturaleza, sólo era un halo de luces en carne propia. No dijo mucho -Tiempo sin verte.- y me tendió una carta del hospital local diciendo que ella me cuidaría, Y lo hizo.
Un mes fue suficiente para verme en condiciones estables, en una semana Alicia logró hacerme salir a la esquina, y al día siguiente al parque, podía hablar con los demás sin a idea de que alguien me fuese a pegar un tiro en la cabeza, o pisar una grieta y que explotara una mina. Me sentía bien, y mejoraba cada día, pero sobre todo cuando salía en las noches con ella. Largos paseos, me dieron a conocer su historia, luego de quedar sola con sus hermanos, logró crecer con un pequeño trabajo de limpieza a domicilio. Luego logró hacer su nivelación, y posterior a ello, entró como ayudante de enfermería, y al estallar la guerra sirvió en las ciudades destrozadas. Sus hermanos vivían con ella aún, eran parte de la milicia. Cuando me contó sobre su lucha contra el cáncer, me sentí más conectado a ella, ambos habíamos tenido grandes guerras, solo que la de ella no había terminado. Ella estaba más cerca de mi, era lo más preciado que tenia y nunca lo supo. Un 15 de Junio en la noche, después de haber hablado con ella y haberla abrazado por primera vez. Sus hermanos clamaron por ayuda, yo desperté de golpe, Alicia estaba muriendo, salí hacia su casa corriendo, cuando entré en su casa estaba tendida en la cama, sus ojos estaban fijos, ya no tenían brillo, su tez más pálida, y sus latidos cada vez más fríos en su terso cuello, su respiración apenas era un murmullo. Murió, en mis brazos, y no pude hacer nada.
Cuando el médico llegó no había nada que hacer, luego de su funeral, me culpe tanto por no hacer algo, puede reanimarla, pude llevarla corriendo al hospital, era mi culpa por no haber actuado rápido. Y ella se fue sin más, sufrió y no logré nada para mejorarlo..

Esa noche en la ciudad tembló, un temblor muy tenue, pero se hizo sentir. Alicia hizo sentir su muerte. Y se hizo sentir en mi mente tres días después de no lograr conciliar el sueño.
-Vaya que eres duro de visitar- dijo ella mirándome con una mirada dulce, serena y una voz muy cantarina.
-Nunca supiste cuánto te amaba- dije sin rodeos
-Siempre lo supe, Amadeus. No eras el único que veía por la ventana todas las noches- dijo ella dándome la más calurosa de las sonrisas.
Y desperté.

Tal vez Alicia no hubiese querido que yo me culpara por su muerte, pero nunca me imagine que su vida se iría literalmente de mis manos, todos estos años he bloqueado los recuerdos de la gran guerra, pero la gran guerra de Alicia aún sigue en pie, ella habrá perdido esa batalla, pero la guerra contra el cáncer continúa.

Stay strong, Fighters.


-Blakely

lunes, 5 de marzo de 2018

Nadie


Cuando estaba sobre los quince años tenía la libertad de hacer de la noche mi momento más feliz del día, podía tener la seguridad de que nadie me diría qué hacer, pues además de ser invisible para mi familia y otras personas, sentía la compañía de las estrellas, del olor de la playa paseando con la brisa, el sonido de un móvil colgado en la ventana, y el gusto de un cigarrillo acariciando mi garganta. Esperaba que todos fueran a dormir y saciaran sus gritos y discusiones, las cuales hacían sin ningún tipo de remordimiento, después de todo, yo era translúcido para ellos. Subía a la ventana del último piso y solo esperaba a que mis ojos se acostumbraran a la belleza de la oscuridad, gracias a las estrellas conocí los deseos que brindaban esas esferas fugaces. Gracias al olor de la playa aprendí a querer a mi casa, aunque en el fondo, sabía que no correspondía ahí. Gracias al sonido del móvil de la ventana escuché mi melodía favorita. Gracias al humo del cigarrillo conocí a la muerte de mis esperanzas, y a pesar de que me sentía acompañado, supe que para ellos tampoco era nadie.

-Blakely

jueves, 1 de marzo de 2018

Talking whit me

El siguiente texto no tiene ningún sentido, es simplemente un texto, un escrito. Si a alguien le interesa bien, tal vez le ayude a pensar un poco o solo distraerlo. Si no te interesa y sientes que tu tiempo se perderá pues no lo leas, a veces es bueno hacerle caso al subconsciente. Es lo mejor que puedes hacer. Después no digas que te lo advertí.


Basado en una conversación común entre una persona y sus pensamientos mientras escuchaba Creep - Alessandra Salermo (Cover).

He repetido la misma canción más de 14 veces seguidas, y no quiero escuchar otra que no sea esa. -Sheee's running out agaiiin- suena en angelicales tonos al compás de un armónico arpa. Tal vez busco tener esa calma, esa armonía de cuerpo y mente, como la canción, tan equilibrada, tan suave pero contundente, aunque tal vez sin tantos sentimientos encontrados. Simplemente es insoportable. Sensación tal dolorosa y confusa, tan confusa que aturde e intimida, letal para algunos, lección de vida indiscutiblemente, -I'm a weirdo-

¡Idiota!

¿De nuevo en éste punto? No es sano caer con la misma piedra y mucho menos, en un intento de patearla y alejarla del camino, es inevitable, pero es superable. Pero a ésto último, ¿y si no lo es? -I don't belong heeere- Si caemos en este pozo una y otra vez somos masoquistas o solo no sabemos cómo salir del ahogamiento de nuestra alma en un charco de sentimientos, por muy preparado que estés o intentes negarlo, el dolor más fuerte no siempre es el físico y en otros casos, no hay fármaco físico o intangible que pueda sellar una herida de ésta magnitud. -In a beatiful word-. La repito una y otra vez y no quiero escuchar alguna otra. Sólo quiero que la relatividad del tiempo me lleve a mil años de perdición entre gotas de vodka combinadas con el amargo y salado sabor de las mismas lágrimas que creí haber colgado en la horca de la indiferencia.

-You're so fuckin' special-

Dicen que todo es cuestión de control.

¡Basura!

El control se pierde hasta que el desorden se vuelve constante, a eso llamamos calma. A veces se nos olvida que vivimos en un completo desorden y lo llamamos orden. ¿Quién puede vivir en un desorden tan punzante en el pecho? No sé qué creer ya, trato de respirar hondo mas solo tengo suspiros asfixiandome. -Just like an angel- Yo.. solo quiero escuchar esa canción de nuevo, y recordarla, no a la canción, sino a la tarde en que la besé con esta canción de fondo y cuando empezó todo. Ésto asesina, pero su veneno es tan dulce...

-Blakely.




viernes, 16 de febrero de 2018

FlashBack


No paro de sentir esa incómoda sensación de observar tras la ventana del tren y sentir mi propia mirada casi perceptible en el cristal empañado distorsionando un poco a los árboles que saludan con el viento del atardecer. Acomodo mis auriculares en mis oídos y la melodía hace calmar un poco el sonido metálico de las vías y el rumor de las conversaciones de las demás personas, sin embargo, el sonido de un tren viniendo en dirección opuesta golpea las ventanas y me hace cerrar los ojos con fuerza, como el destello de un relámpago encandilando mis pupilas, mis recuerdos me llevan a esa habitación, mi habitación, con la puerta entreabierta, los gritos de mis padres discutir mientras sus sombras se asoman en la puerta, un sonido en seco abre el silencio, un golpe, una caída al suelo, un susurro autoritario, más silencio, el portazo y un sollozo.


Cierro mis ojos con fuerza y al abrirlos, veo a mi reflejo de nuevo en el cristal del vagón, el chillido de un niño me ensordece y el grito de su madre me lleva a la cocina, en la que crecí viendo a mi madre gritarse a si misma por ser tan infeliz, la que cada día me rechazaba por parecerme mas a él, a mi ebrio padre. Siento de repente el piso moverse, el vagón tiembla en una curva cerrada y una copa de vino cae al piso, una chica recoge los cristales y tras tomar el tercero se corta la Palma de su mano, y veo a mi hermana mayor cortarse lenta y dolorosamente sus muñecas en el garaje a oscuras, veo su mirada clavada en mi, veo su dolor, su frustración, su tristeza y aunque quiera ayudarla, solo me quedo inmóvil viendo como cierra la puerta frente a mi mientras sus ojos llorosos dejan caer lágrimas en sus mejillas.



Y estoy yo, tomando mis cosas, escapando de casa, y aunque haya escapado de mi pasado de alguna manera, mis recuerdos son el castigo a pagar, mi tormento, estoy encadenado a ellos y solo siento la melancolía en mi pecho mientras el sol se oculta tras el horizonte que da a pasear los últimos rayos de luz a la vez que el tren se detiene en la siguiente estación.



-Blakely