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jueves, 31 de mayo de 2018

Caminos y Rutas



Y con solo el recuerdo de los caminos que he tomado, los errores cometidos, la tristeza que cargaba, y la soledad que me acompañaba, debo realmente agradecer a la vida las pequeñas grandes cosas que me hacen feliz.. como la sonrisa de su rostro reflejado en el amanecer de mi ventana, y el susurro de su voz en el viento, incluso la brisa acariciando su cabello en la tibia arena de esa costa en la que la vi por primera vez..incluso aquel hasta luego, que sembró esa esperanza en mi de volverla a ver, la melodía silenciosa de un colibrí, su ave favorita, o incluso, el sombrío frío de la noche, donde sus abrazos eran mi consuelo.


-Blakely

domingo, 1 de abril de 2018

Alicia

Basado en hechos reales.


De todas las muertes que he visto en mi vida como veterano de guerra, la muerte de Alicia es una de las que nunca podré olvidar, y no por su valentía en combate, la manera en que se desplazaba bajo bombas aéreas o esquivando balas enemigas; Alicia era mi vecina. 


Desde niño vi su mundo tan diferente al mío, y no lo comprendía, cuando logre entender la diferencia entre pobres y ricos, me di cuenta que en su caso era el menos favorable, la veía desde la ventana de mi casa caminar descalza, se bañaba bajo la lluvia con sus hermanos menores y reían hasta que caía la noche y su padre los llamaba. No me imaginaba a mi mismo en ese plan y mis padres me prohibían andar con los de su clase, lo cual tampoco entendía por qué. En las noches escuchaba llantos de sus hermanos, a veces porque, según mi mama, "Es necesario dar buenas lecciones de disciplina a la fuerza" luego se escuchaban repetidos chasquidos, como una fusta golpeando a un caballo,. Pero muchas otras veces, los pequeños lloraban de manera desesperada, cuando cumplí los 13, entendí que era hambre lo que pasaban, casi todos los días. Durante mi adolescencia me interesé por las artes militares, asistí a una preparatoria militar y me imaginaba siendo un patriota todas las noches al dormir, pensamientos interrumpidos por como un padre borracho golpeaba a su hija, y los horribles gritos de ella.


Con mis 17 años terminé mis estudios de preparatoria y antes de irme a la academia decidí tomarme un tiempo libre para estar con familiares, salir con amigos y fumar tabacos a escondidas, jugar béisbol en las tardes, y en las noches ver por mi ventana hacia donde ella estaba siempre sentada, me gustaba, eso seguro, ni las descendientes de la más alta alcurnia se podían comparar con su piel color canela, sus ojos claros como el ámbar y prismados en un espectro violeta, no era la más hermosa de la ciudad sin embargo para mi lo era. Pero algo le faltaba, se veía sola, se veía triste. Ya no sonreía.

Cuando estalló la gran guerra ya yo estaba en mis 38 años, y fueron 4 años que pusieron a prueba todos mis conocimientos, valores y fundamentos dados en la academia de infantería para quedar con vida y victoriosos en el conflicto, sin mencionar las largas horas de plantón, los exhaustos ejercicios disciplinarios las noches de guardia, horas de sueño perdidos y los cepillos que dejé gastados en los retretes de los coroneles. Muchos hermanos murieron, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, vi correr mucha sangre por las cordilleras y en las trincheras, vi como las balas opacaban la luz de la luna y eclipsaban con ella los ojos de la muerte, callando con un soplo estruendoso al silbido de la vida. cuatro años de baños de sangre y morfina, gases tóxicos y asfixiantes. Ya los gallos no despertaban en la mañana, lo hacían las sirenas antibombardeos, ya el sabor del polvo empalagaba, y el uniforme se convirtió en nuestra piel.
Cuando todo acabó, hasta al sol era extraño en la mañana, ya no irradiaba como antes, ya no veríamos el mundo de la misma manera, cuando fuimos nosotros mismos parte del desastre, cuatro años de masacre y a la final, ¿Realmente ganamos?

Cuando volví a casa, pasé tiempo aislado, ya no quería nada con nadie, estaba delirando,veía sangre en mis dedos, en mis cereales, en las paredes, al cerrar los ojos, estaba enfermo y los perturbadores sueños abrazaban mi tranquilidad hasta ahorcarla. Sentía que era la condena perpetua mandada por Dios para castigarme, hasta que ella me visitó. Una mujer, más que eso, una mujer con ojos fulminantemente hipnóticos, pero solo era su noble naturaleza, sólo era un halo de luces en carne propia. No dijo mucho -Tiempo sin verte.- y me tendió una carta del hospital local diciendo que ella me cuidaría, Y lo hizo.
Un mes fue suficiente para verme en condiciones estables, en una semana Alicia logró hacerme salir a la esquina, y al día siguiente al parque, podía hablar con los demás sin a idea de que alguien me fuese a pegar un tiro en la cabeza, o pisar una grieta y que explotara una mina. Me sentía bien, y mejoraba cada día, pero sobre todo cuando salía en las noches con ella. Largos paseos, me dieron a conocer su historia, luego de quedar sola con sus hermanos, logró crecer con un pequeño trabajo de limpieza a domicilio. Luego logró hacer su nivelación, y posterior a ello, entró como ayudante de enfermería, y al estallar la guerra sirvió en las ciudades destrozadas. Sus hermanos vivían con ella aún, eran parte de la milicia. Cuando me contó sobre su lucha contra el cáncer, me sentí más conectado a ella, ambos habíamos tenido grandes guerras, solo que la de ella no había terminado. Ella estaba más cerca de mi, era lo más preciado que tenia y nunca lo supo. Un 15 de Junio en la noche, después de haber hablado con ella y haberla abrazado por primera vez. Sus hermanos clamaron por ayuda, yo desperté de golpe, Alicia estaba muriendo, salí hacia su casa corriendo, cuando entré en su casa estaba tendida en la cama, sus ojos estaban fijos, ya no tenían brillo, su tez más pálida, y sus latidos cada vez más fríos en su terso cuello, su respiración apenas era un murmullo. Murió, en mis brazos, y no pude hacer nada.
Cuando el médico llegó no había nada que hacer, luego de su funeral, me culpe tanto por no hacer algo, puede reanimarla, pude llevarla corriendo al hospital, era mi culpa por no haber actuado rápido. Y ella se fue sin más, sufrió y no logré nada para mejorarlo..

Esa noche en la ciudad tembló, un temblor muy tenue, pero se hizo sentir. Alicia hizo sentir su muerte. Y se hizo sentir en mi mente tres días después de no lograr conciliar el sueño.
-Vaya que eres duro de visitar- dijo ella mirándome con una mirada dulce, serena y una voz muy cantarina.
-Nunca supiste cuánto te amaba- dije sin rodeos
-Siempre lo supe, Amadeus. No eras el único que veía por la ventana todas las noches- dijo ella dándome la más calurosa de las sonrisas.
Y desperté.

Tal vez Alicia no hubiese querido que yo me culpara por su muerte, pero nunca me imagine que su vida se iría literalmente de mis manos, todos estos años he bloqueado los recuerdos de la gran guerra, pero la gran guerra de Alicia aún sigue en pie, ella habrá perdido esa batalla, pero la guerra contra el cáncer continúa.

Stay strong, Fighters.


-Blakely

jueves, 1 de marzo de 2018

Talking whit me

El siguiente texto no tiene ningún sentido, es simplemente un texto, un escrito. Si a alguien le interesa bien, tal vez le ayude a pensar un poco o solo distraerlo. Si no te interesa y sientes que tu tiempo se perderá pues no lo leas, a veces es bueno hacerle caso al subconsciente. Es lo mejor que puedes hacer. Después no digas que te lo advertí.


Basado en una conversación común entre una persona y sus pensamientos mientras escuchaba Creep - Alessandra Salermo (Cover).

He repetido la misma canción más de 14 veces seguidas, y no quiero escuchar otra que no sea esa. -Sheee's running out agaiiin- suena en angelicales tonos al compás de un armónico arpa. Tal vez busco tener esa calma, esa armonía de cuerpo y mente, como la canción, tan equilibrada, tan suave pero contundente, aunque tal vez sin tantos sentimientos encontrados. Simplemente es insoportable. Sensación tal dolorosa y confusa, tan confusa que aturde e intimida, letal para algunos, lección de vida indiscutiblemente, -I'm a weirdo-

¡Idiota!

¿De nuevo en éste punto? No es sano caer con la misma piedra y mucho menos, en un intento de patearla y alejarla del camino, es inevitable, pero es superable. Pero a ésto último, ¿y si no lo es? -I don't belong heeere- Si caemos en este pozo una y otra vez somos masoquistas o solo no sabemos cómo salir del ahogamiento de nuestra alma en un charco de sentimientos, por muy preparado que estés o intentes negarlo, el dolor más fuerte no siempre es el físico y en otros casos, no hay fármaco físico o intangible que pueda sellar una herida de ésta magnitud. -In a beatiful word-. La repito una y otra vez y no quiero escuchar alguna otra. Sólo quiero que la relatividad del tiempo me lleve a mil años de perdición entre gotas de vodka combinadas con el amargo y salado sabor de las mismas lágrimas que creí haber colgado en la horca de la indiferencia.

-You're so fuckin' special-

Dicen que todo es cuestión de control.

¡Basura!

El control se pierde hasta que el desorden se vuelve constante, a eso llamamos calma. A veces se nos olvida que vivimos en un completo desorden y lo llamamos orden. ¿Quién puede vivir en un desorden tan punzante en el pecho? No sé qué creer ya, trato de respirar hondo mas solo tengo suspiros asfixiandome. -Just like an angel- Yo.. solo quiero escuchar esa canción de nuevo, y recordarla, no a la canción, sino a la tarde en que la besé con esta canción de fondo y cuando empezó todo. Ésto asesina, pero su veneno es tan dulce...

-Blakely.




viernes, 16 de febrero de 2018

FlashBack


No paro de sentir esa incómoda sensación de observar tras la ventana del tren y sentir mi propia mirada casi perceptible en el cristal empañado distorsionando un poco a los árboles que saludan con el viento del atardecer. Acomodo mis auriculares en mis oídos y la melodía hace calmar un poco el sonido metálico de las vías y el rumor de las conversaciones de las demás personas, sin embargo, el sonido de un tren viniendo en dirección opuesta golpea las ventanas y me hace cerrar los ojos con fuerza, como el destello de un relámpago encandilando mis pupilas, mis recuerdos me llevan a esa habitación, mi habitación, con la puerta entreabierta, los gritos de mis padres discutir mientras sus sombras se asoman en la puerta, un sonido en seco abre el silencio, un golpe, una caída al suelo, un susurro autoritario, más silencio, el portazo y un sollozo.


Cierro mis ojos con fuerza y al abrirlos, veo a mi reflejo de nuevo en el cristal del vagón, el chillido de un niño me ensordece y el grito de su madre me lleva a la cocina, en la que crecí viendo a mi madre gritarse a si misma por ser tan infeliz, la que cada día me rechazaba por parecerme mas a él, a mi ebrio padre. Siento de repente el piso moverse, el vagón tiembla en una curva cerrada y una copa de vino cae al piso, una chica recoge los cristales y tras tomar el tercero se corta la Palma de su mano, y veo a mi hermana mayor cortarse lenta y dolorosamente sus muñecas en el garaje a oscuras, veo su mirada clavada en mi, veo su dolor, su frustración, su tristeza y aunque quiera ayudarla, solo me quedo inmóvil viendo como cierra la puerta frente a mi mientras sus ojos llorosos dejan caer lágrimas en sus mejillas.



Y estoy yo, tomando mis cosas, escapando de casa, y aunque haya escapado de mi pasado de alguna manera, mis recuerdos son el castigo a pagar, mi tormento, estoy encadenado a ellos y solo siento la melancolía en mi pecho mientras el sol se oculta tras el horizonte que da a pasear los últimos rayos de luz a la vez que el tren se detiene en la siguiente estación.



-Blakely