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lunes, 16 de julio de 2018

Bajo ésta sombra, Sobre éstas rocas


Naufragio, ¿Cómo has llegado hasta acá? Hace mucho tiempo que el limo se ha apoderado de tu casco, borrando tu nombre, tu esencia, tu gloria. Sobre ésta sombra viniste a encallar, dejando tus amarres en el fondo del mar para pertenecer a las mismas aguas donde surcaste labrando en vano el indomable piélago. Bajo la sombra de éste acantilado, no logras ver paseo fúnebre del ocaso hacia el Oeste, solo estás condenado a ver el intenso amanecer florear al Este, el mismo en el que presagiaba el fin de la oscura marea, como brea impregnada en plata, templando tu proa con el achique del rocío, opacando más aún el brillo de tus lámparas a lo lejos, enseñándote que sin oscuridad, no puedes brillar, pero si te entregas a la oscuridad, perderán el rumbo quienes te siguen. Debías volver a las olas para vivir de la fuerte brisa mañanera, el guanaguanare, el alcatraz y la gaviota con sus bramidos se hicieron cancioncillas de tu recuerdo, interrumpidos con los azotes constantes de los grandes maretazos que vienen a morir aqui, con gran estruendo, a donde tú has venido también a morir y ahora vives condenado como Cerbero en puerta de infierno, dandole paso al cabrilleo del sol entre la espuma.



Pero Naufragio ¿Qué te ha hecho venir hasta acá? Fuiste traicionado por el mismo amor por el cual amaste y has dejado tu linea de timón cortada, te has entregado por amor a ser libre y esperas ahora en silencio, esperando a que crujas y toques fondo alguna vez, oxidado, roto, quedando a merced del océano mismo. Ya ni la tormenta más inclemente puede abrumarte cuando has logrado que el salitre sea quien te devuelva tus amarguras y te acostumbres a vivir con ellas... Vivir, qué irónico ¿Quién puede "vivir" con éste calvario? Es un estado de transición, es el paso a la muerte misma para vivir dentro de quien amaste, ahora lo entiendo, Naufragio, te rehusaste a morir en el dique seco para morir donde estaba tu puerto. Bajo este acantilado, sobre éstas rocas, Junto a tu amor, el mar. 

domingo, 1 de abril de 2018

Alicia

Basado en hechos reales.


De todas las muertes que he visto en mi vida como veterano de guerra, la muerte de Alicia es una de las que nunca podré olvidar, y no por su valentía en combate, la manera en que se desplazaba bajo bombas aéreas o esquivando balas enemigas; Alicia era mi vecina. 


Desde niño vi su mundo tan diferente al mío, y no lo comprendía, cuando logre entender la diferencia entre pobres y ricos, me di cuenta que en su caso era el menos favorable, la veía desde la ventana de mi casa caminar descalza, se bañaba bajo la lluvia con sus hermanos menores y reían hasta que caía la noche y su padre los llamaba. No me imaginaba a mi mismo en ese plan y mis padres me prohibían andar con los de su clase, lo cual tampoco entendía por qué. En las noches escuchaba llantos de sus hermanos, a veces porque, según mi mama, "Es necesario dar buenas lecciones de disciplina a la fuerza" luego se escuchaban repetidos chasquidos, como una fusta golpeando a un caballo,. Pero muchas otras veces, los pequeños lloraban de manera desesperada, cuando cumplí los 13, entendí que era hambre lo que pasaban, casi todos los días. Durante mi adolescencia me interesé por las artes militares, asistí a una preparatoria militar y me imaginaba siendo un patriota todas las noches al dormir, pensamientos interrumpidos por como un padre borracho golpeaba a su hija, y los horribles gritos de ella.


Con mis 17 años terminé mis estudios de preparatoria y antes de irme a la academia decidí tomarme un tiempo libre para estar con familiares, salir con amigos y fumar tabacos a escondidas, jugar béisbol en las tardes, y en las noches ver por mi ventana hacia donde ella estaba siempre sentada, me gustaba, eso seguro, ni las descendientes de la más alta alcurnia se podían comparar con su piel color canela, sus ojos claros como el ámbar y prismados en un espectro violeta, no era la más hermosa de la ciudad sin embargo para mi lo era. Pero algo le faltaba, se veía sola, se veía triste. Ya no sonreía.

Cuando estalló la gran guerra ya yo estaba en mis 38 años, y fueron 4 años que pusieron a prueba todos mis conocimientos, valores y fundamentos dados en la academia de infantería para quedar con vida y victoriosos en el conflicto, sin mencionar las largas horas de plantón, los exhaustos ejercicios disciplinarios las noches de guardia, horas de sueño perdidos y los cepillos que dejé gastados en los retretes de los coroneles. Muchos hermanos murieron, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, vi correr mucha sangre por las cordilleras y en las trincheras, vi como las balas opacaban la luz de la luna y eclipsaban con ella los ojos de la muerte, callando con un soplo estruendoso al silbido de la vida. cuatro años de baños de sangre y morfina, gases tóxicos y asfixiantes. Ya los gallos no despertaban en la mañana, lo hacían las sirenas antibombardeos, ya el sabor del polvo empalagaba, y el uniforme se convirtió en nuestra piel.
Cuando todo acabó, hasta al sol era extraño en la mañana, ya no irradiaba como antes, ya no veríamos el mundo de la misma manera, cuando fuimos nosotros mismos parte del desastre, cuatro años de masacre y a la final, ¿Realmente ganamos?

Cuando volví a casa, pasé tiempo aislado, ya no quería nada con nadie, estaba delirando,veía sangre en mis dedos, en mis cereales, en las paredes, al cerrar los ojos, estaba enfermo y los perturbadores sueños abrazaban mi tranquilidad hasta ahorcarla. Sentía que era la condena perpetua mandada por Dios para castigarme, hasta que ella me visitó. Una mujer, más que eso, una mujer con ojos fulminantemente hipnóticos, pero solo era su noble naturaleza, sólo era un halo de luces en carne propia. No dijo mucho -Tiempo sin verte.- y me tendió una carta del hospital local diciendo que ella me cuidaría, Y lo hizo.
Un mes fue suficiente para verme en condiciones estables, en una semana Alicia logró hacerme salir a la esquina, y al día siguiente al parque, podía hablar con los demás sin a idea de que alguien me fuese a pegar un tiro en la cabeza, o pisar una grieta y que explotara una mina. Me sentía bien, y mejoraba cada día, pero sobre todo cuando salía en las noches con ella. Largos paseos, me dieron a conocer su historia, luego de quedar sola con sus hermanos, logró crecer con un pequeño trabajo de limpieza a domicilio. Luego logró hacer su nivelación, y posterior a ello, entró como ayudante de enfermería, y al estallar la guerra sirvió en las ciudades destrozadas. Sus hermanos vivían con ella aún, eran parte de la milicia. Cuando me contó sobre su lucha contra el cáncer, me sentí más conectado a ella, ambos habíamos tenido grandes guerras, solo que la de ella no había terminado. Ella estaba más cerca de mi, era lo más preciado que tenia y nunca lo supo. Un 15 de Junio en la noche, después de haber hablado con ella y haberla abrazado por primera vez. Sus hermanos clamaron por ayuda, yo desperté de golpe, Alicia estaba muriendo, salí hacia su casa corriendo, cuando entré en su casa estaba tendida en la cama, sus ojos estaban fijos, ya no tenían brillo, su tez más pálida, y sus latidos cada vez más fríos en su terso cuello, su respiración apenas era un murmullo. Murió, en mis brazos, y no pude hacer nada.
Cuando el médico llegó no había nada que hacer, luego de su funeral, me culpe tanto por no hacer algo, puede reanimarla, pude llevarla corriendo al hospital, era mi culpa por no haber actuado rápido. Y ella se fue sin más, sufrió y no logré nada para mejorarlo..

Esa noche en la ciudad tembló, un temblor muy tenue, pero se hizo sentir. Alicia hizo sentir su muerte. Y se hizo sentir en mi mente tres días después de no lograr conciliar el sueño.
-Vaya que eres duro de visitar- dijo ella mirándome con una mirada dulce, serena y una voz muy cantarina.
-Nunca supiste cuánto te amaba- dije sin rodeos
-Siempre lo supe, Amadeus. No eras el único que veía por la ventana todas las noches- dijo ella dándome la más calurosa de las sonrisas.
Y desperté.

Tal vez Alicia no hubiese querido que yo me culpara por su muerte, pero nunca me imagine que su vida se iría literalmente de mis manos, todos estos años he bloqueado los recuerdos de la gran guerra, pero la gran guerra de Alicia aún sigue en pie, ella habrá perdido esa batalla, pero la guerra contra el cáncer continúa.

Stay strong, Fighters.


-Blakely