domingo, 1 de julio de 2018

Capítulo I: Cortes

Leniel y yo teníamos 3 años de diferencia, siendo yo el menor, la mamá Leniel murió por leucemia, su padre nunca se ocupó de él, sólo le quedaba su hermana mayor, quien luchando por hacer dinero de alguna forma, terminó arruinada por hombres que les prometían riquezas y fortuna y sólo recibía azotes y lágrimas. Ella nos trataba de enseñar a leer y contar, no podíamos permitirnos ir a la escuela por lo costosas que eran. Mi madre se separó de mi papá cuando yo tenía 4 años, algunas noches sueño con ella como un borrón que me inquieta y lo asumo como una pesadilla. Mi padre es pescador y solo está en casa un par de semanas antes de irse de campaña de nuevo al altamar, solo me decía que debo ser fuerte, que no hay mejor madre que la calle y la mar, y tal vez por ésto, veía en Leniel además de un hermano, un maestro, me enseñaba básicamente, cómo vivir de la calle y no caer preso o no morir en intentarlo.

De vez en cuando me sentía lo bastante valiente como para hacer las mismas ocurrencias que él hacía, y cuando no lo hacía, buscaba la manera de involucrarme en sus cosas, tocaba el timbre del vecino de la esquina y fijo tenía que correr porque el viejo disparaba con su escopeta a todo aquel que fuese pasando por ahí, viejo chiflado ese. Cuando íbamos a la tienda y le buscaba el descuido al dueño para robar unos cuantos caramelos del mostrador, también, fijo yo debía salir corriendo porque si no me obligarían a delatarlo, y ni él ni yo haríamos algo así, cuando caminabamos por el mercado nos hacíamos con bultos de frutas que robabamos de poco en poco a los vendedores, yo como era más pequeño era el hurtador mientras que él con su diálogo distraía al comerciante. No vestíamos exactamente de etiqueta como las demás personas quisieran, tal vez por eso no nos daban trabajo, siempre nos mandaban a la mierda por no tener "Buena presencia", cuando caía la noche esas mismas personas recibían nuestra donación de venganza, algunas veces les dejábamos bastante barro en las ventanas de sus negocios, le colocamos pega a los cerrojos de los negocios, otras veces pinchamos los neumáticos a sus carros, lo mejor era cuando veíamos sus caras de ira sobre todo la de un empresario alemán y sus blasfemias inentendibles. Con el paso de los años las personas sabían que no éramos de fiar, sobre todo Leniel, todos lo veían a él por ser el mayor, a mi solo me recordaban cuando mi papá llegaba para que me diera unas cuantas tundas, obviamente yo estaba haciendo mal, pero en esos años no conocía nada malo en ello, no conocía qué estaba bien y qué estaba mal. Con el tiempo fué tácito saber que robar estaba mal, pero de eso vivíamos, lo hacíamos impecablemente y cada vez mejoramos, ¿Cómo íbamos a dejar un negocio que nos daba de comer, vestido y calzado? De lo que robabamos lo vendíamos a un buen precio y por lo tanto, teníamos dinero para comprar lo que quisiéramos, y con el tiempo vimos que mientras más dinero, más poder tenías. 

Cuando cumplí 18 ya él tenía 21 y asaltamos la joyería del pueblo mientras su dueño dormía, nadie supo quién fue, ni como lo hizo, fue nuestra promoción, salimos con honores. Con el botín dejamos el pueblo, la hermana de Leniel quedó con casa propia y mi alcohólico padre tuvo su propio barco del cual se dedicó a navegar por el Caribe. Llegamos a Big Beach una ciudad cercana, yo hice un par de amigos en el mercado dueños de un motel, Cornel y Ferjo, nos dejaron quedarnos ahí con un descuento bastante amigable y esa noche fuimos a un club cercano, Cornel, serio y calculador, era co-fundador del club, tenía 34 años y Ferjo, con mucha energía y ambicioso, de 25 años, conocía a muchas mujeres dispuestas a pasar una noche amena. Como a mi no me iba lo de beber alcohol me bastaba fumar cigarrillos. Una hora luego, Leniel y Ferjo estaban lo suficientemente entonados como para reírse de cualquier cosa y rodeados de mujeres, eran tal para cual, mismos intereses, aunque diferentes objetivos. Mientras encendía el octavo cigarrillo en la barra se acercó Cornel junto con una chica. ¡Madre mía, qué chica! Como de metro setenta de altura, cuerpo de contextura atlética, labios finos pintados de carmesí, ojos marrones oscuros, piel morena, cabello lacio, era como un aurora, llenando todo el club y donde solo yo podía verla, solo podía ver su grandeza, su belleza, su hermosura. Cornel me presentó a la secretaria del motel -Dania, él es Tyrone, mi nuevo socio, Tyrone, ella es quien mantiene en pie el motel, Dania-. Me tendió su mano con una mirada fría, elegante, nunca tuve en mis manos joya más delicada que ella, nunca supe que tenía frío hasta que la calidez de sus manos derritieron la escarcha que me rodeaba. 

-¿No eres un poco joven para fumar tanto?- Preguntó ella
-¿No eres un poco alta como para aparentar menos de lo que deberías tener?- Pregunté yo
Ella resopló divertida -¿Crees que tengo veintitrés o algo así?-
-No, pero estoy seguro de que tienes menos de diecisiete-
-¡Qué malo eres para calcular edades!- Dijo ella sonriendo un poco.
-Bueno, pero al menos te he hecho sonreír, cosa que seguramente no has hecho en todo el dia ¿No?- Ante ésto Cormel soltó una risa gruesa -Bueno, ciertamente, Dania solo se la pasa dándole caña con la mirada a todo el mundo- En esto, una botella cae de la mesa de Ferjo y Leniel. -Iré a ver que nuestros niños no se corten, con permiso-

Pasé el resto de la próxima hora hablando con Dania, tuve que flaquear pues en realidad tenía 20, nunca sentí que una noche se fuera tan rápido, y nunca me sentí tan absorto en sus palabras como para sentirme en éste mundo, era algo fuera de lo común. Fantasía que se arruinó por mi colega borracho. -HEEEYY, ¿Qué pasaaa?- Dijo Leniel dejando salir un eructo, -¿Quién es esta delicia, hermanito?- Dijo él dirigiendole una mirada nada agradable a Dania, que me llevó a hacer algo que nunca imaginé hacerle a Leniel, con la misma mano que le ayudé tantas veces lo golpee en la quijada, un solo golpe, directo y seco. Leniel cayó, pero como si no hubiese bebido en toda la noche me dirigió una mirada asesina
-Vaya. creo que se te han subido un poco los humos, ¿hermanito?-
Leniel sólo se levantó, masajeó su mandibula y se retiró del club. Producto de la música, el alcohol, y la gente, las risas, casi nadie vió lo delicado de la situación. No habia visto nunca ésta reacción de Leniel, me sentía fuera de base, ¿Ahora qué iba a pasar? Le pedí a Dania, quien se agitó por la situación, que mantuviera calma, que fuese a su habitación y que nos encontraríamos luego de descansar. Eran como las tres de la mañana, y sentía como si no hubiese dormido en días.

Al llegar a la habitación esa misma noche no había rastro de Leniel, tuve pánico de no saber dónde estaba, como si tuviese la seguridad de que estaba haciendo algo, algo que no podía ser bueno, me recosté en mi cama y traté de meditar lo que había pasado, sin embargo, caí a las garras de Morfeo y me sumí en la voz de mi madre llamándome, buscándome, una voz que se hacía chillona al punto de grito.

Desperté de golpe luego de que las cortinas se abrieran bruscamente, luego de adaptarme a la claridad Leniel me veía sobre sus lentes oscuros mientras encendía un cigarrillo -Levanta, tenemos trabajo- Confundido me senté en la cama, luego lo único que logré decir fué -Lamento lo de anoche, Leni- Mientras revisaba unos papeles de la mesa se volvió a mí y respondió enérgico -¡Nada de eso! Hoy me siento como hombre nuevo. Así que empecemos desde cero. Lo de anoche ya se queda anoche. Somos tu y yo, hermanito, ahora mueve el culo, que vamos tarde- Luego de eso me sentí mucho mejor, tomé una ducha, me vestí y fuimos a la oficina de Cornel.

Cornel y Ferjo tenían un negocio de prostíbulos en todo Big Beach, desde pequeñas garitas hasta hoteles 5 Estrellas con servicios muy especiales, era un negocio en la sombra y era lo que mejor daba, mucho más que la droga y el tráfico ilegal de armas. Ferjo se encargaba de cobrar la vacuna de todos los negocios protegidos por su sombra de agentes estatales, también hacía mostrar su carácter torturando, balaceando, quemando, cortando, violando y enterrando vivo a toda aquella persona que no mantuviera el respeto a su gente, a su negocio, a su presencia. Cornel había pasado por lo mismo con la diferencia de que Cornel hizo amistad con un Israelí amante de mujeres caribeñas y fundó con dinero de Cornel lo que hoy es el lexus Hotel, donde nos hemos quedado Leniel y yo. Obviamente era propiedad directa de Cornel, solo que en caso de frustración del negocio Cornel tendría a quien señalar, al fin y al cabo, siempre había una la manera de que él se limpiara las manos, de que quedara impune y nosotros éramos un par de elementos más para ésto. Sí, entramos en ese proyecto conscientemente de ello, pero era la oportunidad de oro para pasar a otro nivel y principalmente porque íbamos a robar la colección de oro más grande de Big Beach, y seguramente de la zona Este del país, dicha colección perteneciente a Cornellius Clepton, nuestro nuevo jefe.

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