jueves, 7 de junio de 2018

Verónica




Corría mientras buscaba la manera de refugiarme de la lluvia, era de noche y hacia demasiado frío, ya mi chaqueta se pegaba a mi torso y estrangulaba mis brazos, estaba sofocándome. Doblé varias esquinas al azar buscando un refugio donde pudiese pasar la tormenta, la cual hacia azotar mis oídos al golpear contra el suelo con sus rayos. Llegué a un espacio abierto entre varias casas, que hacían la entrada a un pequeño jardín, haciendo asomar a una estrecha, pero muy alta iglesia, un poco gótico como para ser de sta década. Abrí el portón del jardín y caminé apresuradamente agachando la cabeza entre mis hombros. Empujé la pesada puerta de metal y al cerrarla tras de mí, todo ruido de tormenta había desaparecido, sólo habían unas lámparas tenues encendidas y velas distribuidas en diferentes lugares de los pasillos laterales, al fondo, un gran altar de bronce se edificaba por toda la pared del fondo, Un Cristo se suspendía y daba la sensación lúgubre y monótona de una iglesia particular, aunque ésta me daba una sensación muy extraña. Me senté en uno de los bancos, hundí mi cabeza entre mis brazos reposados en el espaldar de la otra hilera de bancos de madera, y cerré mis ojos para concentrarme en opacar el frío que sentía.

..Recordé la manera en que secaba la sangre de la baldosa de la sala, la mirada de terror que ella sembró en mis recuerdos y el llanto ahogado entre la garganta de su hija, sin poder hacer nada, arrinconada, pobre chica, sólo se la pasaba en la calle, mientras que su débil madre solo pasaba drogándose. No recuerdo bien su nombre, Valeria, o Victoria, Me daba igual, empezaba por "V", no sé porqué no la maté cuando pude, pero esos miserables ojos oscuros me hicieron dejarla vivir, al fin y al cabo, el ruido de las sirenas se acercaban, y tenía que correr.

Escuché pasos por el pasillo central, levanté la mirada y mi visión estaba borrosa por presionar mis ojos, la silueta de una mujer acercándose me llenó de inquietud, más aun por la túnica negra que llevaba, colgaba de su cuello una cruz de plata, ella era pálida.. y su mirada.. algo en ella mostraba algo que me inquietaba, sin embargo, me dedicó un cordial saludo, y me ofreció de manera muy amable una habitación para pasar la noche, y la idea de dormir bajo un techo y una cama después de un largo día me hizo aceptar.
Me guió por un pasillo, y abrió una puerta, se hizo a un lado para dejarme entrar, y mis piernas y manos se desconectaron de mí cuando apenas pude percatarme de que la habitación estaba vacía, y habían manchas de sangre repartidas a lo largo y ancho de las paredes y sobretodo en el suelo. Al voltearme, ya no vi a aquella extraña mujer, vi a una niña sujetando una pistola plateada -¿V..Verónica?- Al pronunciar ese nombre me dió una media sonrisa con sus inexpresivos ojos, levantó el arma hacia mí, y no recuerdo qué pasó después de escuchar el cañón del arma estremecerse tras ser jalado el gatillo, depositando dulcemente una bala en mi cabeza.




-Blakely

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