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martes, 28 de abril de 2020

Com un pom de clavells




Contorneaste mi ventana para amarte, te vestiste de blanco y en otoño sonrosaste, estuviste de luto; mi atención nunca captaste, fue duro el dolor que te embargó, pero miraste, miraste la brisa barrer las hojas del anciano abache, escuchaste el petricar antes que la tormenta tuviese avance, conociste que el naranja de la tarde es por humo, pero por su belleza adictiva en desespero te quemaste, volviste ceniza el dolor que consumía, se hizo contrafuego con tu orgullo y me miraste. Viste que tras la ventana todo era y oscurecía, insistí en un paseo junto a mí y aceptaste.
Recorrimos mi mundo para el tuyo rescatarte, te enseñe la playa, su marea y su achaque, descubriste la lluvia y su dulzor en tu boca fue contraste, del amargo licor que con odio te embriagaste, pétalos cortos blanquecinos cual cristales, sea tu tallo morateno bendecido en mis deidades, conociste la neblina y con miedo me abrazaste, en busca del calor que por el tiempo olvidaste.
Y me hiciste daño con tus espinas encarnecidas, nunca fuiste rosa, pero lastimaste con herida, por mi masoquismo te consolé pensando que fui yo quien te hería, pero mírame aquí contemplando lo que un día, te quitaría el amor que alguna vez te abandonaría, en un ciclo muy vicioso en el dejé caer la bola y recorría, entre mi mente la manera de hacerte mía, más sin embargo tu amor por mí nunca existiría.
Ay que duele en corazón tu malnacida altanería, tu inmarcesible belleza acrecentada en cada día, cuando tu flora belleza mi orgullo asesina, y convertí a pesar de todo, todo esto en maravilla, te traje a mi mundo y la guerra crearías, destruiste mis tardes, mis nocturnas y mis días, ahora veo en el lago de mi paz mi sangre ardida, en el cielo veo tus capullos y tocarlos desearía, deseo el dolor que siento al rozarte tu cornisa, oler tu aroma cándido y mirar en tu sonrisa, que la vida se me hace larga y se ha vuelto agonía, vivo viendo tus reflejos en la ventana en que un día, verías tú al amor que te confrontó y se apartaría, se invirtió la historia, cuenta tarde me daría. No eras un clavel moribundo entristecida, eres una rosa, una impostora y asesina.
Murió el amor que me tenía y mi valentía, me volví idolatra de tu voz dulce y tan fría, asesinaste la inocencia que me cegaba y tenía, ahora soy plebeyo que tu reino abandonaría.  ¿Ahora soy yo quien ese dolor acarrearía? Ya no deseo este dolor, esta confusión, esta partida, verte tras la ventana; tú en mi mundo yo en el tuyo, qué ironía. Así que me volví a componer otra secuela, otra melodía. Ya sea en dolor mayor para olvidar tus maravillas, que solo me lastiman, me atormentan, me enfermizan, sigue tu camino a ver si en algún momento de tú tiempo te darías, cuenta que no estaré en la ventana cuando tu decidas.

            Y agradezco no haber visto tu orgullo tan blindado en decaía, apuesto lo que me queda de mi alma porque un día, veas mi ausencia y extrañada quedarías, con frío en tu tallo, sin mis dedos ni alegría, y vestida de luto en otoño ya cansada volverías, volverías a mirar por la ventana hasta que la vida quitaría, el único amor, que por tu amor también se iría.

Con todo y esto aún siento que me dominas, solo tu mirar me desmorona y cautiva. Qué has hecho de mi mentirosa rosa asesina. Pensé que eras clavel pero todo fue mentira.


-Blakely

viernes, 16 de agosto de 2019

Dear Friend





Agradezco a la vida, que aunque dura es siempre hemos hallado la forma de aprender de ella y saber conseguir ser venturosos, a las aleatorias circunstancias, a la divina Providencia, de colocarnos en la misma tierra que nos ve crecer, en el mismo tiempo relativo, bajo el mismo cielo tricolor, entre la misma brisa que nos lleno de mar, nos lleno de libertad, en la misma inocencia de un encuentro que inimaginablemente para ambos nos anclaría en el alma una sensación de alegria al escuchar nuestras risas, ver nuestros ojos llenos de alegría, en una plática amena o sin sentido, un encuentro inesperado, un sms, Una foto vieja, una canción en común en la radio, una pulsera, una carta, un libro o alguna frase. Son cosas que al pecho hunde y revive, hace exhalar un aliento que inexplicablemente llamamos familia, amistad, amor; y qué sugestivo es la relacion de estos sentimientos que nos inundan y nos arropan en su incomensurable calidéz con el tiempo que a mas sea el paso del mismo nos golpea el corazón al extrañarte, al recordarnos, al conseguirme en esos momentos de compañia en donde fuí feliz, donde fuí triste, y que a pesar de las circunstancias y del tiempo y todas las cosas aburridas que nos llenan de rutina para sofocar nuestro tiempo, yo sería feliz y triste a ese lado, junto a esas manos, protegido en ese abrazo, en el Te amo mas sincero que una persona puede desearte. 

En honor al destino incierto que nos separa, pero mucho más por la amistad que nos ha consolidado en un nosotros, que a modo de raíz ha crecido en nuestro pecho y acorazado el corazón de cada uno de nosotros te escribo no la última carta, pero definitivamente sí una de las mas sinceras de las que puedo ser capaz de escribir, por la misma razón por la que queremos, por la que amamos, por ese desprendimiento, por esas razones que nos permiten estar unidos, a pesar de las dificultades, las diferencias, la distancia y la era que discurre.

Por tus maneras improvisadas, por tu esplendida personalidad, por tu afortunada vida; por dejarme estar en ella y por estar en la mia, por aceptarme como soy y por ese consejo infalible, por esa mano que apoyo mi peso, por ese pilar que nos sostiene, siempre gracias, 
siempre abrazo, siempre sonrisa, siempre amistad, siempre te quiero, siempre te amo. Que nunca muera. Vanguardista y centinela de ella soy, aunque se venga mal, aunque se venga bien. 


Sé feliz, sé hermosa, sé siempre tú.




-Blakely

lunes, 12 de agosto de 2019

Falling


Dedicado a Chandy. En honor a la lealtad. Y para aceptarnos en derrota para avanzar al triunfo.

En penuria, en deshonor.


Siento dolor en el pecho, no como daga en corazón sino como si mi vacío estuviese 
ardiendo, 
lo que me llena no lo tengo; mas guardado está en el mar, en la montaña, en el desierto; 
amo el suelo que piso mas no soy digno de ello, 
de estar subiendo la cordillera caí en el vacío rasgando mi piel contra llanura sin su 
lecho.


Me siento preso en el subsuelo y me cuesta renacer de nuevo, 
la moral por el piso, mis piernas cansadas y mi mirada perdida en el cielo, 
me siento abatido; casi en agonía, levantarme al pensarlo no puedo, 
me siento mal; así me siento, decaído, letargo y en duelo; 
murió mi honor y su cadáver reposa en mis hombros y pecho.



Ya no siento el escalofrío de Dios en mi piel, no sé si mi corazón se apartó de él, 
me falta el aliento; estoy descontento, no se sacia mi sed, 
el hambre me abunda, la suerte se marcha y el tiempo dedicado a correr; 
moribundo me encuentro, como zombi sentado, cuestiono mi carácter y fe; 
me veo arrugado, sombrío, ojeroso, hundido en discordia y sin ley.



No siento alegría, olvido tu cara, tus besos, abrazos y miel; 
busco en mis recuerdos los bellos momentos que deseo ahora otra vez, 
quisiera de nuevo un momento de gloria y demostrar que sí puedo también; 
quedé adormilado en plena agonía por el ofídico aroma a laurel, 
y dí lo mejor, más de lo que soy pero ahora quedó en el ayer.




Con lejanía y nostalgia veo en la montaña las luces de casas y a oscuras me 
pongo a  pensar, 
que tan solo por poco, por un poco más casi llego a mi puesto y lugar; 
ahora no entiendo ni qué hago aquí sin poder relatar un final, 
al menos no el que quise ni el que esperaba y la angustia me incita a llorar.



Me molesta el prójimo y su empatía, como si lástima fuera yo a dar, 
todo lo que pasa lo guardo para mi y lo que muestro es para Dios y mi altar; 
confidentes no existen, solo puras hienas que buscan que yo esté muy mal, 
sólo me encuentro, sueño con la brisa, el café la costa y el mar. 
Ser el bastillo, tener espadilla sin reino, sin miedo a caer al volar; 
pero penuria perpetua se ciñe en el pecho como ancla me impide zarpar.


Conservo tu foto y quisiera saber si aún así destrozado amarías
a éste pequeño servidor que a tu vida llegó y que aún por ti daría la vida, 
mis acciones demuestran, mis palabras se vuelan y en total las cosas varían; 
el murmullo del vientos tirita mis huesos y al sol mi piel se calcina, 
la noche me ayuda a aclarar las ideas, pero el cansancio mis ojos adormita; 
en la mañana el rencor florece, lastima mi paz y deja mi alma partida, 
una sola expresión, sin sonrisa ni son para nadie es amiga.




Cuánto me haces falta, oportunidad, y cuánto es el deseo por que llegues; 
más de lo pasional y lo ferviente, perturba el tiempo que pasa que opaca mi mente, 
enfermo de honor estoy; no sé ni quien soy, estoy sangrando y el dolor es muy fuerte, 
como el guayabo en lejanía añorando los arcos de la costa en rojo, amarillo y celeste; 
ya el melifluo sonido de esperanza se aparta, grita mi agonía y mi cuerpo estremece, 
solo queda un soplo de mi y calentarme con ello es lo que más me conviene. 
Sigo siendo guerrero, solo estoy muy herido, iré a por todo en la batalla que viene.


-Blakely

martes, 31 de julio de 2018

Más.


Tanto es el tiempo que ha pasado, y misterioso el tiempo que viene por delante.

Más es el olor de ese jardín sombrío, que las tristes flores que reposan en el cementerio.

Más es la vida y demostrar lo que sentimos, que la muerte, sentir sentimientos y no poder expresarlos en vida.

Más es el sonido de las gotas que golpean mi ventana, que el sonido vacío de la soledad.


Más son las ruedas gastadas de mi skate, que las colinas desoladas y tristes en las que han dejado sus rastros.


Más es el reflejo del sol al amanecer que abre mis ojos, que la oscuridad que los cierra y no me permite volver a soñar.

Más eres tú, siendo más que ayer, que seguir en el ayer, creyendo que eres menos que hoy.

Más son esos ojos mostrando la pureza de ese nuevo universo, que esos mismos ojos llenándose de mentira y rencor.

Más es comer con las manos, que con cubiertos.

Más ser por lo que eres y tener miedo a equivocarte, que equivocarte sin saber quien eres.

Más es el anochecer de la avenida tomándote de la mano, que nunca haberte sentido y ver el anochecer solo.

Más es el abrazo que lo marcó todo, que el abrazo de despedida que no queremos dar.

Más es tu luz guiándome en este sendero oscuro, que la oscuridad desorientándome hasta perderme en el vacío.

Más el olor de tu cabello cuando cerca de mi estas, que el olor de la inquietud sugiriendo no volverte a ver.

Más el surco de tus labios sanadores, que el surco de las cicatrices que ciñen mi piel.

Más fuiste tú.. Por estar allí cuando te necesite, que nunca haberte conocido y haber sido infeliz..

lunes, 16 de julio de 2018

Bajo ésta sombra, Sobre éstas rocas


Naufragio, ¿Cómo has llegado hasta acá? Hace mucho tiempo que el limo se ha apoderado de tu casco, borrando tu nombre, tu esencia, tu gloria. Sobre ésta sombra viniste a encallar, dejando tus amarres en el fondo del mar para pertenecer a las mismas aguas donde surcaste labrando en vano el indomable piélago. Bajo la sombra de éste acantilado, no logras ver paseo fúnebre del ocaso hacia el Oeste, solo estás condenado a ver el intenso amanecer florear al Este, el mismo en el que presagiaba el fin de la oscura marea, como brea impregnada en plata, templando tu proa con el achique del rocío, opacando más aún el brillo de tus lámparas a lo lejos, enseñándote que sin oscuridad, no puedes brillar, pero si te entregas a la oscuridad, perderán el rumbo quienes te siguen. Debías volver a las olas para vivir de la fuerte brisa mañanera, el guanaguanare, el alcatraz y la gaviota con sus bramidos se hicieron cancioncillas de tu recuerdo, interrumpidos con los azotes constantes de los grandes maretazos que vienen a morir aqui, con gran estruendo, a donde tú has venido también a morir y ahora vives condenado como Cerbero en puerta de infierno, dandole paso al cabrilleo del sol entre la espuma.



Pero Naufragio ¿Qué te ha hecho venir hasta acá? Fuiste traicionado por el mismo amor por el cual amaste y has dejado tu linea de timón cortada, te has entregado por amor a ser libre y esperas ahora en silencio, esperando a que crujas y toques fondo alguna vez, oxidado, roto, quedando a merced del océano mismo. Ya ni la tormenta más inclemente puede abrumarte cuando has logrado que el salitre sea quien te devuelva tus amarguras y te acostumbres a vivir con ellas... Vivir, qué irónico ¿Quién puede "vivir" con éste calvario? Es un estado de transición, es el paso a la muerte misma para vivir dentro de quien amaste, ahora lo entiendo, Naufragio, te rehusaste a morir en el dique seco para morir donde estaba tu puerto. Bajo este acantilado, sobre éstas rocas, Junto a tu amor, el mar. 

domingo, 1 de julio de 2018

Capítulo I: Cortes

Leniel y yo teníamos 3 años de diferencia, siendo yo el menor, la mamá Leniel murió por leucemia, su padre nunca se ocupó de él, sólo le quedaba su hermana mayor, quien luchando por hacer dinero de alguna forma, terminó arruinada por hombres que les prometían riquezas y fortuna y sólo recibía azotes y lágrimas. Ella nos trataba de enseñar a leer y contar, no podíamos permitirnos ir a la escuela por lo costosas que eran. Mi madre se separó de mi papá cuando yo tenía 4 años, algunas noches sueño con ella como un borrón que me inquieta y lo asumo como una pesadilla. Mi padre es pescador y solo está en casa un par de semanas antes de irse de campaña de nuevo al altamar, solo me decía que debo ser fuerte, que no hay mejor madre que la calle y la mar, y tal vez por ésto, veía en Leniel además de un hermano, un maestro, me enseñaba básicamente, cómo vivir de la calle y no caer preso o no morir en intentarlo.

De vez en cuando me sentía lo bastante valiente como para hacer las mismas ocurrencias que él hacía, y cuando no lo hacía, buscaba la manera de involucrarme en sus cosas, tocaba el timbre del vecino de la esquina y fijo tenía que correr porque el viejo disparaba con su escopeta a todo aquel que fuese pasando por ahí, viejo chiflado ese. Cuando íbamos a la tienda y le buscaba el descuido al dueño para robar unos cuantos caramelos del mostrador, también, fijo yo debía salir corriendo porque si no me obligarían a delatarlo, y ni él ni yo haríamos algo así, cuando caminabamos por el mercado nos hacíamos con bultos de frutas que robabamos de poco en poco a los vendedores, yo como era más pequeño era el hurtador mientras que él con su diálogo distraía al comerciante. No vestíamos exactamente de etiqueta como las demás personas quisieran, tal vez por eso no nos daban trabajo, siempre nos mandaban a la mierda por no tener "Buena presencia", cuando caía la noche esas mismas personas recibían nuestra donación de venganza, algunas veces les dejábamos bastante barro en las ventanas de sus negocios, le colocamos pega a los cerrojos de los negocios, otras veces pinchamos los neumáticos a sus carros, lo mejor era cuando veíamos sus caras de ira sobre todo la de un empresario alemán y sus blasfemias inentendibles. Con el paso de los años las personas sabían que no éramos de fiar, sobre todo Leniel, todos lo veían a él por ser el mayor, a mi solo me recordaban cuando mi papá llegaba para que me diera unas cuantas tundas, obviamente yo estaba haciendo mal, pero en esos años no conocía nada malo en ello, no conocía qué estaba bien y qué estaba mal. Con el tiempo fué tácito saber que robar estaba mal, pero de eso vivíamos, lo hacíamos impecablemente y cada vez mejoramos, ¿Cómo íbamos a dejar un negocio que nos daba de comer, vestido y calzado? De lo que robabamos lo vendíamos a un buen precio y por lo tanto, teníamos dinero para comprar lo que quisiéramos, y con el tiempo vimos que mientras más dinero, más poder tenías. 

Cuando cumplí 18 ya él tenía 21 y asaltamos la joyería del pueblo mientras su dueño dormía, nadie supo quién fue, ni como lo hizo, fue nuestra promoción, salimos con honores. Con el botín dejamos el pueblo, la hermana de Leniel quedó con casa propia y mi alcohólico padre tuvo su propio barco del cual se dedicó a navegar por el Caribe. Llegamos a Big Beach una ciudad cercana, yo hice un par de amigos en el mercado dueños de un motel, Cornel y Ferjo, nos dejaron quedarnos ahí con un descuento bastante amigable y esa noche fuimos a un club cercano, Cornel, serio y calculador, era co-fundador del club, tenía 34 años y Ferjo, con mucha energía y ambicioso, de 25 años, conocía a muchas mujeres dispuestas a pasar una noche amena. Como a mi no me iba lo de beber alcohol me bastaba fumar cigarrillos. Una hora luego, Leniel y Ferjo estaban lo suficientemente entonados como para reírse de cualquier cosa y rodeados de mujeres, eran tal para cual, mismos intereses, aunque diferentes objetivos. Mientras encendía el octavo cigarrillo en la barra se acercó Cornel junto con una chica. ¡Madre mía, qué chica! Como de metro setenta de altura, cuerpo de contextura atlética, labios finos pintados de carmesí, ojos marrones oscuros, piel morena, cabello lacio, era como un aurora, llenando todo el club y donde solo yo podía verla, solo podía ver su grandeza, su belleza, su hermosura. Cornel me presentó a la secretaria del motel -Dania, él es Tyrone, mi nuevo socio, Tyrone, ella es quien mantiene en pie el motel, Dania-. Me tendió su mano con una mirada fría, elegante, nunca tuve en mis manos joya más delicada que ella, nunca supe que tenía frío hasta que la calidez de sus manos derritieron la escarcha que me rodeaba. 

-¿No eres un poco joven para fumar tanto?- Preguntó ella
-¿No eres un poco alta como para aparentar menos de lo que deberías tener?- Pregunté yo
Ella resopló divertida -¿Crees que tengo veintitrés o algo así?-
-No, pero estoy seguro de que tienes menos de diecisiete-
-¡Qué malo eres para calcular edades!- Dijo ella sonriendo un poco.
-Bueno, pero al menos te he hecho sonreír, cosa que seguramente no has hecho en todo el dia ¿No?- Ante ésto Cormel soltó una risa gruesa -Bueno, ciertamente, Dania solo se la pasa dándole caña con la mirada a todo el mundo- En esto, una botella cae de la mesa de Ferjo y Leniel. -Iré a ver que nuestros niños no se corten, con permiso-

Pasé el resto de la próxima hora hablando con Dania, tuve que flaquear pues en realidad tenía 20, nunca sentí que una noche se fuera tan rápido, y nunca me sentí tan absorto en sus palabras como para sentirme en éste mundo, era algo fuera de lo común. Fantasía que se arruinó por mi colega borracho. -HEEEYY, ¿Qué pasaaa?- Dijo Leniel dejando salir un eructo, -¿Quién es esta delicia, hermanito?- Dijo él dirigiendole una mirada nada agradable a Dania, que me llevó a hacer algo que nunca imaginé hacerle a Leniel, con la misma mano que le ayudé tantas veces lo golpee en la quijada, un solo golpe, directo y seco. Leniel cayó, pero como si no hubiese bebido en toda la noche me dirigió una mirada asesina
-Vaya. creo que se te han subido un poco los humos, ¿hermanito?-
Leniel sólo se levantó, masajeó su mandibula y se retiró del club. Producto de la música, el alcohol, y la gente, las risas, casi nadie vió lo delicado de la situación. No habia visto nunca ésta reacción de Leniel, me sentía fuera de base, ¿Ahora qué iba a pasar? Le pedí a Dania, quien se agitó por la situación, que mantuviera calma, que fuese a su habitación y que nos encontraríamos luego de descansar. Eran como las tres de la mañana, y sentía como si no hubiese dormido en días.

Al llegar a la habitación esa misma noche no había rastro de Leniel, tuve pánico de no saber dónde estaba, como si tuviese la seguridad de que estaba haciendo algo, algo que no podía ser bueno, me recosté en mi cama y traté de meditar lo que había pasado, sin embargo, caí a las garras de Morfeo y me sumí en la voz de mi madre llamándome, buscándome, una voz que se hacía chillona al punto de grito.

Desperté de golpe luego de que las cortinas se abrieran bruscamente, luego de adaptarme a la claridad Leniel me veía sobre sus lentes oscuros mientras encendía un cigarrillo -Levanta, tenemos trabajo- Confundido me senté en la cama, luego lo único que logré decir fué -Lamento lo de anoche, Leni- Mientras revisaba unos papeles de la mesa se volvió a mí y respondió enérgico -¡Nada de eso! Hoy me siento como hombre nuevo. Así que empecemos desde cero. Lo de anoche ya se queda anoche. Somos tu y yo, hermanito, ahora mueve el culo, que vamos tarde- Luego de eso me sentí mucho mejor, tomé una ducha, me vestí y fuimos a la oficina de Cornel.

Cornel y Ferjo tenían un negocio de prostíbulos en todo Big Beach, desde pequeñas garitas hasta hoteles 5 Estrellas con servicios muy especiales, era un negocio en la sombra y era lo que mejor daba, mucho más que la droga y el tráfico ilegal de armas. Ferjo se encargaba de cobrar la vacuna de todos los negocios protegidos por su sombra de agentes estatales, también hacía mostrar su carácter torturando, balaceando, quemando, cortando, violando y enterrando vivo a toda aquella persona que no mantuviera el respeto a su gente, a su negocio, a su presencia. Cornel había pasado por lo mismo con la diferencia de que Cornel hizo amistad con un Israelí amante de mujeres caribeñas y fundó con dinero de Cornel lo que hoy es el lexus Hotel, donde nos hemos quedado Leniel y yo. Obviamente era propiedad directa de Cornel, solo que en caso de frustración del negocio Cornel tendría a quien señalar, al fin y al cabo, siempre había una la manera de que él se limpiara las manos, de que quedara impune y nosotros éramos un par de elementos más para ésto. Sí, entramos en ese proyecto conscientemente de ello, pero era la oportunidad de oro para pasar a otro nivel y principalmente porque íbamos a robar la colección de oro más grande de Big Beach, y seguramente de la zona Este del país, dicha colección perteneciente a Cornellius Clepton, nuestro nuevo jefe.

jueves, 7 de junio de 2018

Verónica




Corría mientras buscaba la manera de refugiarme de la lluvia, era de noche y hacia demasiado frío, ya mi chaqueta se pegaba a mi torso y estrangulaba mis brazos, estaba sofocándome. Doblé varias esquinas al azar buscando un refugio donde pudiese pasar la tormenta, la cual hacia azotar mis oídos al golpear contra el suelo con sus rayos. Llegué a un espacio abierto entre varias casas, que hacían la entrada a un pequeño jardín, haciendo asomar a una estrecha, pero muy alta iglesia, un poco gótico como para ser de sta década. Abrí el portón del jardín y caminé apresuradamente agachando la cabeza entre mis hombros. Empujé la pesada puerta de metal y al cerrarla tras de mí, todo ruido de tormenta había desaparecido, sólo habían unas lámparas tenues encendidas y velas distribuidas en diferentes lugares de los pasillos laterales, al fondo, un gran altar de bronce se edificaba por toda la pared del fondo, Un Cristo se suspendía y daba la sensación lúgubre y monótona de una iglesia particular, aunque ésta me daba una sensación muy extraña. Me senté en uno de los bancos, hundí mi cabeza entre mis brazos reposados en el espaldar de la otra hilera de bancos de madera, y cerré mis ojos para concentrarme en opacar el frío que sentía.

..Recordé la manera en que secaba la sangre de la baldosa de la sala, la mirada de terror que ella sembró en mis recuerdos y el llanto ahogado entre la garganta de su hija, sin poder hacer nada, arrinconada, pobre chica, sólo se la pasaba en la calle, mientras que su débil madre solo pasaba drogándose. No recuerdo bien su nombre, Valeria, o Victoria, Me daba igual, empezaba por "V", no sé porqué no la maté cuando pude, pero esos miserables ojos oscuros me hicieron dejarla vivir, al fin y al cabo, el ruido de las sirenas se acercaban, y tenía que correr.

Escuché pasos por el pasillo central, levanté la mirada y mi visión estaba borrosa por presionar mis ojos, la silueta de una mujer acercándose me llenó de inquietud, más aun por la túnica negra que llevaba, colgaba de su cuello una cruz de plata, ella era pálida.. y su mirada.. algo en ella mostraba algo que me inquietaba, sin embargo, me dedicó un cordial saludo, y me ofreció de manera muy amable una habitación para pasar la noche, y la idea de dormir bajo un techo y una cama después de un largo día me hizo aceptar.
Me guió por un pasillo, y abrió una puerta, se hizo a un lado para dejarme entrar, y mis piernas y manos se desconectaron de mí cuando apenas pude percatarme de que la habitación estaba vacía, y habían manchas de sangre repartidas a lo largo y ancho de las paredes y sobretodo en el suelo. Al voltearme, ya no vi a aquella extraña mujer, vi a una niña sujetando una pistola plateada -¿V..Verónica?- Al pronunciar ese nombre me dió una media sonrisa con sus inexpresivos ojos, levantó el arma hacia mí, y no recuerdo qué pasó después de escuchar el cañón del arma estremecerse tras ser jalado el gatillo, depositando dulcemente una bala en mi cabeza.




-Blakely

martes, 15 de mayo de 2018

Aramís


Quiero sembrar un árbol, bueno, una semilla, que dará a una insignificante especie que será una no tan insignificante. 

Y llamadme loco si quieren, pero quiero llamarlo Aramís, y por alguna razón, quiero que sea mi amigo, o ser su mejor amigo, visitarlo, ver como esta, en vez de decirle hola decirle -¿Qué hay estupido, que cuentas?-, si le gusta el atardecer, si le encantan los días nublados. Siempre he querido preguntarle a un árbol qué hace además de procesos fotosintéticos y cosas así de aburridas, si tiene pasatiempos. Saber si es cierto que sufren, si lloran. Preguntarle en qué cree él, si tiene un Dios, si sabe de la fe. Si se enamoran, si tienen un “Corazón para dar”. y en efecto, si le han roto el corazón. Me gustaría algún día llorar bajo la sombra de mi gran amigo, y sentir que el dolor es efímero, que todo está bien. Tal vez algún día Aramís me deje trepar por sus ramas el sentiría pena por tener hojas secas, o nidos de pájaros ya vacíos, o por tener barba de árbol o sencillamente el seria feliz tal cual es, tal vez le presente a mi hija, así cuando yo muera, Aramis tendrá una amiga, y no estará triste, después de todo, el merece ser feliz.

Puede que para hacerlo enojar orine en él estando yo ebrio o tal vez fumar cerca de él, Con mis estupideces lograr que me mande a freir clavos de acero. Tal vez sencillamente quiera estar solo, puede que llegue a odiarme por el condenado hecho de ser un humano. Ojala logre aprender algo de él, A ser paciente, por ejemplo. Estoy ansioso por saber si quiere tatuar algo en su corteza, yo podría hacerlo, aunque soy malo para eso. Quiero tocar mi guitarra a sus pies y tal vez quiera aprender a hacer música, leeré mi libro favorito y que sea el suyo también.

Pero… El siempre estara para mi ¿Dónde estaré yo cuando él me necesite? No podre estar ahi cuando sus hojas caigan, no estare ahi para regarlo durante la sequía, no estare ahi para hacer un muñeco de nieve a su lado para que no esté solo en nochebuena. Seguramente no estaré ahí cuando el me vea ir de regreso a casa y sencillamente caiga en llanto por la soledad que susurra en sus ramas. En las noches puede que sienta miedo por la oscuridad y la luna sea quien le arrulle para que pueda dormir o puede solo ignorarlo, o cuando llueva no habrá nadie quien pueda cubrirlo, darle abrigo, distinguir sus lágrimas de las gotas de lluvia que caen a sus fuertes raíces decirle que todo estará bien, qué estará con él en las malas y buenas y no lo dejará solo. Nunca le he dicho a un árbol que lo quiero, que es importante para mi.

Eres todo un reto, Aramis, haré lo posible por no dejarte, no quiero dejarte, te necesito Aramis. Espero verte pronto.

-Blakely

lunes, 5 de marzo de 2018

Nadie


Cuando estaba sobre los quince años tenía la libertad de hacer de la noche mi momento más feliz del día, podía tener la seguridad de que nadie me diría qué hacer, pues además de ser invisible para mi familia y otras personas, sentía la compañía de las estrellas, del olor de la playa paseando con la brisa, el sonido de un móvil colgado en la ventana, y el gusto de un cigarrillo acariciando mi garganta. Esperaba que todos fueran a dormir y saciaran sus gritos y discusiones, las cuales hacían sin ningún tipo de remordimiento, después de todo, yo era translúcido para ellos. Subía a la ventana del último piso y solo esperaba a que mis ojos se acostumbraran a la belleza de la oscuridad, gracias a las estrellas conocí los deseos que brindaban esas esferas fugaces. Gracias al olor de la playa aprendí a querer a mi casa, aunque en el fondo, sabía que no correspondía ahí. Gracias al sonido del móvil de la ventana escuché mi melodía favorita. Gracias al humo del cigarrillo conocí a la muerte de mis esperanzas, y a pesar de que me sentía acompañado, supe que para ellos tampoco era nadie.

-Blakely

jueves, 1 de marzo de 2018

Talking whit me

El siguiente texto no tiene ningún sentido, es simplemente un texto, un escrito. Si a alguien le interesa bien, tal vez le ayude a pensar un poco o solo distraerlo. Si no te interesa y sientes que tu tiempo se perderá pues no lo leas, a veces es bueno hacerle caso al subconsciente. Es lo mejor que puedes hacer. Después no digas que te lo advertí.


Basado en una conversación común entre una persona y sus pensamientos mientras escuchaba Creep - Alessandra Salermo (Cover).

He repetido la misma canción más de 14 veces seguidas, y no quiero escuchar otra que no sea esa. -Sheee's running out agaiiin- suena en angelicales tonos al compás de un armónico arpa. Tal vez busco tener esa calma, esa armonía de cuerpo y mente, como la canción, tan equilibrada, tan suave pero contundente, aunque tal vez sin tantos sentimientos encontrados. Simplemente es insoportable. Sensación tal dolorosa y confusa, tan confusa que aturde e intimida, letal para algunos, lección de vida indiscutiblemente, -I'm a weirdo-

¡Idiota!

¿De nuevo en éste punto? No es sano caer con la misma piedra y mucho menos, en un intento de patearla y alejarla del camino, es inevitable, pero es superable. Pero a ésto último, ¿y si no lo es? -I don't belong heeere- Si caemos en este pozo una y otra vez somos masoquistas o solo no sabemos cómo salir del ahogamiento de nuestra alma en un charco de sentimientos, por muy preparado que estés o intentes negarlo, el dolor más fuerte no siempre es el físico y en otros casos, no hay fármaco físico o intangible que pueda sellar una herida de ésta magnitud. -In a beatiful word-. La repito una y otra vez y no quiero escuchar alguna otra. Sólo quiero que la relatividad del tiempo me lleve a mil años de perdición entre gotas de vodka combinadas con el amargo y salado sabor de las mismas lágrimas que creí haber colgado en la horca de la indiferencia.

-You're so fuckin' special-

Dicen que todo es cuestión de control.

¡Basura!

El control se pierde hasta que el desorden se vuelve constante, a eso llamamos calma. A veces se nos olvida que vivimos en un completo desorden y lo llamamos orden. ¿Quién puede vivir en un desorden tan punzante en el pecho? No sé qué creer ya, trato de respirar hondo mas solo tengo suspiros asfixiandome. -Just like an angel- Yo.. solo quiero escuchar esa canción de nuevo, y recordarla, no a la canción, sino a la tarde en que la besé con esta canción de fondo y cuando empezó todo. Ésto asesina, pero su veneno es tan dulce...

-Blakely.




viernes, 16 de febrero de 2018

FlashBack


No paro de sentir esa incómoda sensación de observar tras la ventana del tren y sentir mi propia mirada casi perceptible en el cristal empañado distorsionando un poco a los árboles que saludan con el viento del atardecer. Acomodo mis auriculares en mis oídos y la melodía hace calmar un poco el sonido metálico de las vías y el rumor de las conversaciones de las demás personas, sin embargo, el sonido de un tren viniendo en dirección opuesta golpea las ventanas y me hace cerrar los ojos con fuerza, como el destello de un relámpago encandilando mis pupilas, mis recuerdos me llevan a esa habitación, mi habitación, con la puerta entreabierta, los gritos de mis padres discutir mientras sus sombras se asoman en la puerta, un sonido en seco abre el silencio, un golpe, una caída al suelo, un susurro autoritario, más silencio, el portazo y un sollozo.


Cierro mis ojos con fuerza y al abrirlos, veo a mi reflejo de nuevo en el cristal del vagón, el chillido de un niño me ensordece y el grito de su madre me lleva a la cocina, en la que crecí viendo a mi madre gritarse a si misma por ser tan infeliz, la que cada día me rechazaba por parecerme mas a él, a mi ebrio padre. Siento de repente el piso moverse, el vagón tiembla en una curva cerrada y una copa de vino cae al piso, una chica recoge los cristales y tras tomar el tercero se corta la Palma de su mano, y veo a mi hermana mayor cortarse lenta y dolorosamente sus muñecas en el garaje a oscuras, veo su mirada clavada en mi, veo su dolor, su frustración, su tristeza y aunque quiera ayudarla, solo me quedo inmóvil viendo como cierra la puerta frente a mi mientras sus ojos llorosos dejan caer lágrimas en sus mejillas.



Y estoy yo, tomando mis cosas, escapando de casa, y aunque haya escapado de mi pasado de alguna manera, mis recuerdos son el castigo a pagar, mi tormento, estoy encadenado a ellos y solo siento la melancolía en mi pecho mientras el sol se oculta tras el horizonte que da a pasear los últimos rayos de luz a la vez que el tren se detiene en la siguiente estación.



-Blakely