Contorneaste mi ventana para amarte, te vestiste de blanco y en
otoño sonrosaste, estuviste de luto; mi atención nunca captaste, fue duro el
dolor que te embargó, pero miraste, miraste la brisa barrer las hojas del
anciano abache, escuchaste el petricar antes que la tormenta tuviese avance,
conociste que el naranja de la tarde es por humo, pero por su belleza adictiva
en desespero te quemaste, volviste ceniza el dolor que consumía, se hizo
contrafuego con tu orgullo y me miraste. Viste que tras la ventana todo era y
oscurecía, insistí en un paseo junto a mí y aceptaste.
Recorrimos mi mundo para el tuyo rescatarte, te enseñe la playa,
su marea y su achaque, descubriste la lluvia y su dulzor en tu boca fue
contraste, del amargo licor que con odio te embriagaste, pétalos cortos
blanquecinos cual cristales, sea tu tallo morateno bendecido en mis deidades,
conociste la neblina y con miedo me abrazaste, en busca del calor que por el
tiempo olvidaste.
Y me hiciste daño con tus espinas encarnecidas, nunca fuiste rosa,
pero lastimaste con herida, por mi masoquismo te consolé pensando que fui yo
quien te hería, pero mírame aquí contemplando lo que un día, te quitaría el
amor que alguna vez te abandonaría, en un ciclo muy vicioso en el dejé caer la
bola y recorría, entre mi mente la manera de hacerte mía, más sin embargo tu
amor por mí nunca existiría.
Ay que duele en corazón tu malnacida altanería, tu inmarcesible
belleza acrecentada en cada día, cuando tu flora belleza mi orgullo asesina, y
convertí a pesar de todo, todo esto en maravilla, te traje a mi mundo y la
guerra crearías, destruiste mis tardes, mis nocturnas y mis días, ahora veo en
el lago de mi paz mi sangre ardida, en el cielo veo tus capullos y tocarlos
desearía, deseo el dolor que siento al rozarte tu cornisa, oler tu aroma
cándido y mirar en tu sonrisa, que la vida se me hace larga y se ha vuelto
agonía, vivo viendo tus reflejos en la ventana en que un día, verías tú al amor
que te confrontó y se apartaría, se invirtió la historia, cuenta tarde me
daría. No eras un clavel moribundo entristecida, eres una rosa, una impostora y
asesina.
Murió el amor que me tenía y mi valentía, me volví idolatra de tu voz
dulce y tan fría, asesinaste la inocencia que me cegaba y tenía, ahora soy
plebeyo que tu reino abandonaría. ¿Ahora
soy yo quien ese dolor acarrearía? Ya no deseo este dolor, esta confusión, esta
partida, verte tras la ventana; tú en mi mundo yo en el tuyo, qué ironía. Así
que me volví a componer otra secuela, otra melodía. Ya sea en dolor mayor para
olvidar tus maravillas, que solo me lastiman, me atormentan, me enfermizan,
sigue tu camino a ver si en algún momento de tú tiempo te darías, cuenta que no
estaré en la ventana cuando tu decidas.
Y agradezco no haber visto tu
orgullo tan blindado en decaía, apuesto lo que me queda de mi alma porque un
día, veas mi ausencia y extrañada quedarías, con frío en tu tallo, sin mis
dedos ni alegría, y vestida de luto en otoño ya cansada volverías, volverías a
mirar por la ventana hasta que la vida quitaría, el único amor, que por tu amor
también se iría.
Con
todo y esto aún siento que me dominas, solo tu mirar me desmorona y cautiva.
Qué has hecho de mi mentirosa rosa asesina. Pensé que eras clavel pero todo fue
mentira.
-Blakely
-Blakely

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