martes, 31 de julio de 2018

Más.


Tanto es el tiempo que ha pasado, y misterioso el tiempo que viene por delante.

Más es el olor de ese jardín sombrío, que las tristes flores que reposan en el cementerio.

Más es la vida y demostrar lo que sentimos, que la muerte, sentir sentimientos y no poder expresarlos en vida.

Más es el sonido de las gotas que golpean mi ventana, que el sonido vacío de la soledad.


Más son las ruedas gastadas de mi skate, que las colinas desoladas y tristes en las que han dejado sus rastros.


Más es el reflejo del sol al amanecer que abre mis ojos, que la oscuridad que los cierra y no me permite volver a soñar.

Más eres tú, siendo más que ayer, que seguir en el ayer, creyendo que eres menos que hoy.

Más son esos ojos mostrando la pureza de ese nuevo universo, que esos mismos ojos llenándose de mentira y rencor.

Más es comer con las manos, que con cubiertos.

Más ser por lo que eres y tener miedo a equivocarte, que equivocarte sin saber quien eres.

Más es el anochecer de la avenida tomándote de la mano, que nunca haberte sentido y ver el anochecer solo.

Más es el abrazo que lo marcó todo, que el abrazo de despedida que no queremos dar.

Más es tu luz guiándome en este sendero oscuro, que la oscuridad desorientándome hasta perderme en el vacío.

Más el olor de tu cabello cuando cerca de mi estas, que el olor de la inquietud sugiriendo no volverte a ver.

Más el surco de tus labios sanadores, que el surco de las cicatrices que ciñen mi piel.

Más fuiste tú.. Por estar allí cuando te necesite, que nunca haberte conocido y haber sido infeliz..

lunes, 16 de julio de 2018

Bajo ésta sombra, Sobre éstas rocas


Naufragio, ¿Cómo has llegado hasta acá? Hace mucho tiempo que el limo se ha apoderado de tu casco, borrando tu nombre, tu esencia, tu gloria. Sobre ésta sombra viniste a encallar, dejando tus amarres en el fondo del mar para pertenecer a las mismas aguas donde surcaste labrando en vano el indomable piélago. Bajo la sombra de éste acantilado, no logras ver paseo fúnebre del ocaso hacia el Oeste, solo estás condenado a ver el intenso amanecer florear al Este, el mismo en el que presagiaba el fin de la oscura marea, como brea impregnada en plata, templando tu proa con el achique del rocío, opacando más aún el brillo de tus lámparas a lo lejos, enseñándote que sin oscuridad, no puedes brillar, pero si te entregas a la oscuridad, perderán el rumbo quienes te siguen. Debías volver a las olas para vivir de la fuerte brisa mañanera, el guanaguanare, el alcatraz y la gaviota con sus bramidos se hicieron cancioncillas de tu recuerdo, interrumpidos con los azotes constantes de los grandes maretazos que vienen a morir aqui, con gran estruendo, a donde tú has venido también a morir y ahora vives condenado como Cerbero en puerta de infierno, dandole paso al cabrilleo del sol entre la espuma.



Pero Naufragio ¿Qué te ha hecho venir hasta acá? Fuiste traicionado por el mismo amor por el cual amaste y has dejado tu linea de timón cortada, te has entregado por amor a ser libre y esperas ahora en silencio, esperando a que crujas y toques fondo alguna vez, oxidado, roto, quedando a merced del océano mismo. Ya ni la tormenta más inclemente puede abrumarte cuando has logrado que el salitre sea quien te devuelva tus amarguras y te acostumbres a vivir con ellas... Vivir, qué irónico ¿Quién puede "vivir" con éste calvario? Es un estado de transición, es el paso a la muerte misma para vivir dentro de quien amaste, ahora lo entiendo, Naufragio, te rehusaste a morir en el dique seco para morir donde estaba tu puerto. Bajo este acantilado, sobre éstas rocas, Junto a tu amor, el mar. 

domingo, 1 de julio de 2018

Capítulo I: Cortes

Leniel y yo teníamos 3 años de diferencia, siendo yo el menor, la mamá Leniel murió por leucemia, su padre nunca se ocupó de él, sólo le quedaba su hermana mayor, quien luchando por hacer dinero de alguna forma, terminó arruinada por hombres que les prometían riquezas y fortuna y sólo recibía azotes y lágrimas. Ella nos trataba de enseñar a leer y contar, no podíamos permitirnos ir a la escuela por lo costosas que eran. Mi madre se separó de mi papá cuando yo tenía 4 años, algunas noches sueño con ella como un borrón que me inquieta y lo asumo como una pesadilla. Mi padre es pescador y solo está en casa un par de semanas antes de irse de campaña de nuevo al altamar, solo me decía que debo ser fuerte, que no hay mejor madre que la calle y la mar, y tal vez por ésto, veía en Leniel además de un hermano, un maestro, me enseñaba básicamente, cómo vivir de la calle y no caer preso o no morir en intentarlo.

De vez en cuando me sentía lo bastante valiente como para hacer las mismas ocurrencias que él hacía, y cuando no lo hacía, buscaba la manera de involucrarme en sus cosas, tocaba el timbre del vecino de la esquina y fijo tenía que correr porque el viejo disparaba con su escopeta a todo aquel que fuese pasando por ahí, viejo chiflado ese. Cuando íbamos a la tienda y le buscaba el descuido al dueño para robar unos cuantos caramelos del mostrador, también, fijo yo debía salir corriendo porque si no me obligarían a delatarlo, y ni él ni yo haríamos algo así, cuando caminabamos por el mercado nos hacíamos con bultos de frutas que robabamos de poco en poco a los vendedores, yo como era más pequeño era el hurtador mientras que él con su diálogo distraía al comerciante. No vestíamos exactamente de etiqueta como las demás personas quisieran, tal vez por eso no nos daban trabajo, siempre nos mandaban a la mierda por no tener "Buena presencia", cuando caía la noche esas mismas personas recibían nuestra donación de venganza, algunas veces les dejábamos bastante barro en las ventanas de sus negocios, le colocamos pega a los cerrojos de los negocios, otras veces pinchamos los neumáticos a sus carros, lo mejor era cuando veíamos sus caras de ira sobre todo la de un empresario alemán y sus blasfemias inentendibles. Con el paso de los años las personas sabían que no éramos de fiar, sobre todo Leniel, todos lo veían a él por ser el mayor, a mi solo me recordaban cuando mi papá llegaba para que me diera unas cuantas tundas, obviamente yo estaba haciendo mal, pero en esos años no conocía nada malo en ello, no conocía qué estaba bien y qué estaba mal. Con el tiempo fué tácito saber que robar estaba mal, pero de eso vivíamos, lo hacíamos impecablemente y cada vez mejoramos, ¿Cómo íbamos a dejar un negocio que nos daba de comer, vestido y calzado? De lo que robabamos lo vendíamos a un buen precio y por lo tanto, teníamos dinero para comprar lo que quisiéramos, y con el tiempo vimos que mientras más dinero, más poder tenías. 

Cuando cumplí 18 ya él tenía 21 y asaltamos la joyería del pueblo mientras su dueño dormía, nadie supo quién fue, ni como lo hizo, fue nuestra promoción, salimos con honores. Con el botín dejamos el pueblo, la hermana de Leniel quedó con casa propia y mi alcohólico padre tuvo su propio barco del cual se dedicó a navegar por el Caribe. Llegamos a Big Beach una ciudad cercana, yo hice un par de amigos en el mercado dueños de un motel, Cornel y Ferjo, nos dejaron quedarnos ahí con un descuento bastante amigable y esa noche fuimos a un club cercano, Cornel, serio y calculador, era co-fundador del club, tenía 34 años y Ferjo, con mucha energía y ambicioso, de 25 años, conocía a muchas mujeres dispuestas a pasar una noche amena. Como a mi no me iba lo de beber alcohol me bastaba fumar cigarrillos. Una hora luego, Leniel y Ferjo estaban lo suficientemente entonados como para reírse de cualquier cosa y rodeados de mujeres, eran tal para cual, mismos intereses, aunque diferentes objetivos. Mientras encendía el octavo cigarrillo en la barra se acercó Cornel junto con una chica. ¡Madre mía, qué chica! Como de metro setenta de altura, cuerpo de contextura atlética, labios finos pintados de carmesí, ojos marrones oscuros, piel morena, cabello lacio, era como un aurora, llenando todo el club y donde solo yo podía verla, solo podía ver su grandeza, su belleza, su hermosura. Cornel me presentó a la secretaria del motel -Dania, él es Tyrone, mi nuevo socio, Tyrone, ella es quien mantiene en pie el motel, Dania-. Me tendió su mano con una mirada fría, elegante, nunca tuve en mis manos joya más delicada que ella, nunca supe que tenía frío hasta que la calidez de sus manos derritieron la escarcha que me rodeaba. 

-¿No eres un poco joven para fumar tanto?- Preguntó ella
-¿No eres un poco alta como para aparentar menos de lo que deberías tener?- Pregunté yo
Ella resopló divertida -¿Crees que tengo veintitrés o algo así?-
-No, pero estoy seguro de que tienes menos de diecisiete-
-¡Qué malo eres para calcular edades!- Dijo ella sonriendo un poco.
-Bueno, pero al menos te he hecho sonreír, cosa que seguramente no has hecho en todo el dia ¿No?- Ante ésto Cormel soltó una risa gruesa -Bueno, ciertamente, Dania solo se la pasa dándole caña con la mirada a todo el mundo- En esto, una botella cae de la mesa de Ferjo y Leniel. -Iré a ver que nuestros niños no se corten, con permiso-

Pasé el resto de la próxima hora hablando con Dania, tuve que flaquear pues en realidad tenía 20, nunca sentí que una noche se fuera tan rápido, y nunca me sentí tan absorto en sus palabras como para sentirme en éste mundo, era algo fuera de lo común. Fantasía que se arruinó por mi colega borracho. -HEEEYY, ¿Qué pasaaa?- Dijo Leniel dejando salir un eructo, -¿Quién es esta delicia, hermanito?- Dijo él dirigiendole una mirada nada agradable a Dania, que me llevó a hacer algo que nunca imaginé hacerle a Leniel, con la misma mano que le ayudé tantas veces lo golpee en la quijada, un solo golpe, directo y seco. Leniel cayó, pero como si no hubiese bebido en toda la noche me dirigió una mirada asesina
-Vaya. creo que se te han subido un poco los humos, ¿hermanito?-
Leniel sólo se levantó, masajeó su mandibula y se retiró del club. Producto de la música, el alcohol, y la gente, las risas, casi nadie vió lo delicado de la situación. No habia visto nunca ésta reacción de Leniel, me sentía fuera de base, ¿Ahora qué iba a pasar? Le pedí a Dania, quien se agitó por la situación, que mantuviera calma, que fuese a su habitación y que nos encontraríamos luego de descansar. Eran como las tres de la mañana, y sentía como si no hubiese dormido en días.

Al llegar a la habitación esa misma noche no había rastro de Leniel, tuve pánico de no saber dónde estaba, como si tuviese la seguridad de que estaba haciendo algo, algo que no podía ser bueno, me recosté en mi cama y traté de meditar lo que había pasado, sin embargo, caí a las garras de Morfeo y me sumí en la voz de mi madre llamándome, buscándome, una voz que se hacía chillona al punto de grito.

Desperté de golpe luego de que las cortinas se abrieran bruscamente, luego de adaptarme a la claridad Leniel me veía sobre sus lentes oscuros mientras encendía un cigarrillo -Levanta, tenemos trabajo- Confundido me senté en la cama, luego lo único que logré decir fué -Lamento lo de anoche, Leni- Mientras revisaba unos papeles de la mesa se volvió a mí y respondió enérgico -¡Nada de eso! Hoy me siento como hombre nuevo. Así que empecemos desde cero. Lo de anoche ya se queda anoche. Somos tu y yo, hermanito, ahora mueve el culo, que vamos tarde- Luego de eso me sentí mucho mejor, tomé una ducha, me vestí y fuimos a la oficina de Cornel.

Cornel y Ferjo tenían un negocio de prostíbulos en todo Big Beach, desde pequeñas garitas hasta hoteles 5 Estrellas con servicios muy especiales, era un negocio en la sombra y era lo que mejor daba, mucho más que la droga y el tráfico ilegal de armas. Ferjo se encargaba de cobrar la vacuna de todos los negocios protegidos por su sombra de agentes estatales, también hacía mostrar su carácter torturando, balaceando, quemando, cortando, violando y enterrando vivo a toda aquella persona que no mantuviera el respeto a su gente, a su negocio, a su presencia. Cornel había pasado por lo mismo con la diferencia de que Cornel hizo amistad con un Israelí amante de mujeres caribeñas y fundó con dinero de Cornel lo que hoy es el lexus Hotel, donde nos hemos quedado Leniel y yo. Obviamente era propiedad directa de Cornel, solo que en caso de frustración del negocio Cornel tendría a quien señalar, al fin y al cabo, siempre había una la manera de que él se limpiara las manos, de que quedara impune y nosotros éramos un par de elementos más para ésto. Sí, entramos en ese proyecto conscientemente de ello, pero era la oportunidad de oro para pasar a otro nivel y principalmente porque íbamos a robar la colección de oro más grande de Big Beach, y seguramente de la zona Este del país, dicha colección perteneciente a Cornellius Clepton, nuestro nuevo jefe.

jueves, 7 de junio de 2018

Verónica




Corría mientras buscaba la manera de refugiarme de la lluvia, era de noche y hacia demasiado frío, ya mi chaqueta se pegaba a mi torso y estrangulaba mis brazos, estaba sofocándome. Doblé varias esquinas al azar buscando un refugio donde pudiese pasar la tormenta, la cual hacia azotar mis oídos al golpear contra el suelo con sus rayos. Llegué a un espacio abierto entre varias casas, que hacían la entrada a un pequeño jardín, haciendo asomar a una estrecha, pero muy alta iglesia, un poco gótico como para ser de sta década. Abrí el portón del jardín y caminé apresuradamente agachando la cabeza entre mis hombros. Empujé la pesada puerta de metal y al cerrarla tras de mí, todo ruido de tormenta había desaparecido, sólo habían unas lámparas tenues encendidas y velas distribuidas en diferentes lugares de los pasillos laterales, al fondo, un gran altar de bronce se edificaba por toda la pared del fondo, Un Cristo se suspendía y daba la sensación lúgubre y monótona de una iglesia particular, aunque ésta me daba una sensación muy extraña. Me senté en uno de los bancos, hundí mi cabeza entre mis brazos reposados en el espaldar de la otra hilera de bancos de madera, y cerré mis ojos para concentrarme en opacar el frío que sentía.

..Recordé la manera en que secaba la sangre de la baldosa de la sala, la mirada de terror que ella sembró en mis recuerdos y el llanto ahogado entre la garganta de su hija, sin poder hacer nada, arrinconada, pobre chica, sólo se la pasaba en la calle, mientras que su débil madre solo pasaba drogándose. No recuerdo bien su nombre, Valeria, o Victoria, Me daba igual, empezaba por "V", no sé porqué no la maté cuando pude, pero esos miserables ojos oscuros me hicieron dejarla vivir, al fin y al cabo, el ruido de las sirenas se acercaban, y tenía que correr.

Escuché pasos por el pasillo central, levanté la mirada y mi visión estaba borrosa por presionar mis ojos, la silueta de una mujer acercándose me llenó de inquietud, más aun por la túnica negra que llevaba, colgaba de su cuello una cruz de plata, ella era pálida.. y su mirada.. algo en ella mostraba algo que me inquietaba, sin embargo, me dedicó un cordial saludo, y me ofreció de manera muy amable una habitación para pasar la noche, y la idea de dormir bajo un techo y una cama después de un largo día me hizo aceptar.
Me guió por un pasillo, y abrió una puerta, se hizo a un lado para dejarme entrar, y mis piernas y manos se desconectaron de mí cuando apenas pude percatarme de que la habitación estaba vacía, y habían manchas de sangre repartidas a lo largo y ancho de las paredes y sobretodo en el suelo. Al voltearme, ya no vi a aquella extraña mujer, vi a una niña sujetando una pistola plateada -¿V..Verónica?- Al pronunciar ese nombre me dió una media sonrisa con sus inexpresivos ojos, levantó el arma hacia mí, y no recuerdo qué pasó después de escuchar el cañón del arma estremecerse tras ser jalado el gatillo, depositando dulcemente una bala en mi cabeza.




-Blakely

jueves, 31 de mayo de 2018

Caminos y Rutas



Y con solo el recuerdo de los caminos que he tomado, los errores cometidos, la tristeza que cargaba, y la soledad que me acompañaba, debo realmente agradecer a la vida las pequeñas grandes cosas que me hacen feliz.. como la sonrisa de su rostro reflejado en el amanecer de mi ventana, y el susurro de su voz en el viento, incluso la brisa acariciando su cabello en la tibia arena de esa costa en la que la vi por primera vez..incluso aquel hasta luego, que sembró esa esperanza en mi de volverla a ver, la melodía silenciosa de un colibrí, su ave favorita, o incluso, el sombrío frío de la noche, donde sus abrazos eran mi consuelo.


-Blakely

martes, 15 de mayo de 2018

Aramís


Quiero sembrar un árbol, bueno, una semilla, que dará a una insignificante especie que será una no tan insignificante. 

Y llamadme loco si quieren, pero quiero llamarlo Aramís, y por alguna razón, quiero que sea mi amigo, o ser su mejor amigo, visitarlo, ver como esta, en vez de decirle hola decirle -¿Qué hay estupido, que cuentas?-, si le gusta el atardecer, si le encantan los días nublados. Siempre he querido preguntarle a un árbol qué hace además de procesos fotosintéticos y cosas así de aburridas, si tiene pasatiempos. Saber si es cierto que sufren, si lloran. Preguntarle en qué cree él, si tiene un Dios, si sabe de la fe. Si se enamoran, si tienen un “Corazón para dar”. y en efecto, si le han roto el corazón. Me gustaría algún día llorar bajo la sombra de mi gran amigo, y sentir que el dolor es efímero, que todo está bien. Tal vez algún día Aramís me deje trepar por sus ramas el sentiría pena por tener hojas secas, o nidos de pájaros ya vacíos, o por tener barba de árbol o sencillamente el seria feliz tal cual es, tal vez le presente a mi hija, así cuando yo muera, Aramis tendrá una amiga, y no estará triste, después de todo, el merece ser feliz.

Puede que para hacerlo enojar orine en él estando yo ebrio o tal vez fumar cerca de él, Con mis estupideces lograr que me mande a freir clavos de acero. Tal vez sencillamente quiera estar solo, puede que llegue a odiarme por el condenado hecho de ser un humano. Ojala logre aprender algo de él, A ser paciente, por ejemplo. Estoy ansioso por saber si quiere tatuar algo en su corteza, yo podría hacerlo, aunque soy malo para eso. Quiero tocar mi guitarra a sus pies y tal vez quiera aprender a hacer música, leeré mi libro favorito y que sea el suyo también.

Pero… El siempre estara para mi ¿Dónde estaré yo cuando él me necesite? No podre estar ahi cuando sus hojas caigan, no estare ahi para regarlo durante la sequía, no estare ahi para hacer un muñeco de nieve a su lado para que no esté solo en nochebuena. Seguramente no estaré ahí cuando el me vea ir de regreso a casa y sencillamente caiga en llanto por la soledad que susurra en sus ramas. En las noches puede que sienta miedo por la oscuridad y la luna sea quien le arrulle para que pueda dormir o puede solo ignorarlo, o cuando llueva no habrá nadie quien pueda cubrirlo, darle abrigo, distinguir sus lágrimas de las gotas de lluvia que caen a sus fuertes raíces decirle que todo estará bien, qué estará con él en las malas y buenas y no lo dejará solo. Nunca le he dicho a un árbol que lo quiero, que es importante para mi.

Eres todo un reto, Aramis, haré lo posible por no dejarte, no quiero dejarte, te necesito Aramis. Espero verte pronto.

-Blakely

domingo, 15 de abril de 2018

Fe

Amor y Amistad siempre iban juntos, siempre juntos iban y volvían al pasar, felices iban, tomados de la mano volvían, sobre el césped que pisaban sembraban armonía, recogían pasión y compartían sueños, ideas y añoranzas. De sobra tenían todo, no les faltaba energía, eran implacables, o eso parecía. Amor acompañaba a Amistad al bosque y Amor llevaba a Amistad a la playa. Cuando de pintar se trataba, trazaban los paisajes en carmesí, azul cielo, marrón grisáceo sutiles y armónicos de sus lugares favoritos, maestros de lo bello y natural, uno amante de la luna y la otra amante del sol. 

Un día de paseo por el bosque encontraron a unos amigos, aunque Amistad no confiaba en ellos, pero confiaba en Amor ya que él los quería, de hecho sólo por Amor, Amistad abrió su nobleza aún cuando se sentía expuesta. Conocieron a Odio, Envidia, Mentira, Desprecio y Maldad.
Envidia quería a Amistad por lo feliz que era con Amor, pero Odio le decía que odio debía haber entre ellos para que Amistad olvidara el amor de Amor. Mentira y Desprecio planearon el golpe para romper el corazón de Amor y crear disgusto en Amistad para que Maldad pudiese estar con Amor, pues ella quería a Amor.
Desprecio le dijo a Amistad que Amor no quería estar más con ella porque su nobleza era ciega y débil, Deprecio le aconsejó que debía ser como su primo Orgullo, primero viendo por él y no hablarle a Amor hasta que él no le dirigiera la palabra. Amistad sintió un duro golpe en el pecho y por el simple hecho de sentirse tan mal, decidió no hablar con Amor hasta él lo hiciera y se fue corriendo lejos al bosque.

Amor sentía la ausencia de Amistad y cuando decidió preguntar por ella Mentira le dijo que se había ido con el apuesto Deseo porque el amor de Amor no era suficiente para ella y decidió irse sin avisar, sin despedirse, para siempre. Amor cayó en dolor de la pérdida de su fiel acompañante, Odio enviaba cartas a Amistad firmando como Amor redactando lo feliz que era con sus amigos y que no era necesario que volviera, pues se sentía mucho mejor sin su presencia. Lo mismo hacía Odio con Amor, enviaba cartas firmando como Amistad pero profesando su desunión, pues el amor que encontró en Deseo fue mayor del que Amor lograba influir en ella.


Amor y Amistad ya no eran amigos.
Amor y amistad no se amaban.



Con el tiempo Envidia encontró, consoló y sedujo a Amistad y entre sus empalagosos besos, Amistad perdió su esencia, su pensar. Día tras día el recuerdo de Amor era mínimo hasta el olvido. Ya no había un verdadero amor en Amistad. De su repugnante unión nació Hipocresía, bautizada por Odio.

Maldad se hizo con Amor en cuerpo y alma, corrompió lo que para Amor era justo, hasta el punto de que el amor de Amor fuese veneno, Amor estaba enfermo y Maldad se alimentaba de él. De su terrible unión nacieron Muerte, Hambre y Guerra.

Amor en el fondo del fondo sí recordaba a Amistad. Amor nunca olvidaba las cálidas tardes al lado de Amistad, las frías mañanas abrazadas por ella, y las noches en las que Amor le cantaba para dormir. Sus abrazos, el celaje de su cabello en la orilla del mar. Amor un día encontró uno de los lienzos de Amistad, un claro del bosque donde soñaba con una casa para ellos dos. Recobrando un poco la compostura y envalentonado por la idea, Amor sabía que Amistad iría a ese lugar si tuviese que ir a algún sitio, y buscó a Amistad a espaldas de Maldad.

Amistad escuchaba una voz que aclamaba fuera en el bosque, pero los parloteos de Hipocresía la hacían dudar al punto de pensar en su pérdida de cordura. Amor llamaba, pero Amistad se veía en ilusiones, en un infierno donde ya no había mariposas, y eso estaba bien según Envidia. Envidia parió a Rencor para que Amor no encontrara a Amistad y envió a su hijo menor a por Amor.
Amor no necesitó más que un puñal de desprendimiento para asesinar a Rencor y ante la caridad y conformidad de Amor, Envidia murió con solo ser rozada con la brisa de Amor al pasar. El odio que había en Hipocresía era tal que Amor dudó en enfrentarse a Ella. Amor recordó su lealtad a Amistad y fue recobrando poco a poco por qué luchaba, todo tenía claridad. Solo bastó un golpe de sinceridad para aplacar a Hipocresía. Amistad ante todo ésto, disparó a quemarropa una bala de orgullo a Amor y sintió una puñalada de dolor, mucho dolor punzante, ardiente, la ilusión inducida por Envidia fue culminada y ante Amistad yacía arrodillado Amor. Amistad cometió la peor cosa que pudo haber hecho, mató al verdadero amor por creer que Amor mató a quienes quería de verdad, pero no era así.


Amor se levantó y dejó caer bajo su túnica una coraza de humildad. Amor sonrió y Amistad lloró entre los brazos de Amor y su llanto hizo que el mundo se estremeciera. Amor cobijó a Amistad, todo volvía a estar bien... Pero Maldad se enteró de lo que pasaba y envió a Hambre, Muerte y Guerra a matar Amistad y Amor. El claro en el bosque donde Amor y Amistad estaban fué lleno de oscuridad y fuego en el cielo. Hambre, Muerte y Guerra apuntaron contra sus dos blancos, quienes estaban unidos por su inseparable abrazo. Las lágrimas sinceras de Amistad soldaron el cuerpo de Amor con el suyo y protegió Amor a Amistad entre sus brazos. Dispararon pues, Hambre, Muerte y Guerra contra Amor y Amistad, más la protección de Fe estuvo con ellos y los disparos rebotaron dando muerte a los verdugos. A todo ésto Maldad se dejó ver para sostener a sus hijos morir frente a ella, enfureció tanto que segada por el odio hacia Amor y Amistad decidió en un último esfuerzo explotarse a sí misma para llevarse con ella todo lo que existiera en su alrededor. Amistad y Amor eran uno solo, su fe los mantendría vivos y si no, estarían seguros de que no habría nada más que los separase. 
Maldad en su arrebato explotó y el fuego infernal se extendió hasta las nubes y opacó la luz del sol, quemó el bosque, la pradera, y el hogar de todos sus conocidos, murieron aquellos a quienes consideraba secuaces y sus cenizas se extendieron por todo el mundo. Cuando Amor y Amistad levantaron la vista no había más que destrucción, fuego y polvo.

-Sobre el polvo sembraremos- dijo Amor
-Recogeremos la misma maldad que nos separaró- dijo Amistad
-Observa bien-
Amistad se focalizó en el suelo cenícero donde estaban parados, una raicilla de samán estaba brotando. -Vida..- susurró Amistad. -Con más razón ¡Ahora tendrá maldad siempre!- dijo con más fuerza. 
-Si sembramos lo que somos eso no pasará.- dijo Amor -Siempre habrá maldad. Pero nuestro deber es enseñar a no creer en quienes nos desunieron, pues ciertamente ellos tambien crecerán mientras haya alguien que quiera y ame habrá lucha contra la maldad que ahora cubre al mundo- puntualizó.
-Hay mucha tierra por sembrar, moriremos de ancianos y no habremos llenado el mundo- dijo agotada
-Enseñemos a Vida a amar, querer y sobre todo, contar con Fe. Tal vez más adelante, cuando el caos reine de nuevo, haya alguno que sea testigo de que la unión hará la fuerza y crea en ello.-


El mundo está mal. 
Aquí quedamos los que creemos.
Ten Fe.


-Blakely


domingo, 1 de abril de 2018

Alicia

Basado en hechos reales.


De todas las muertes que he visto en mi vida como veterano de guerra, la muerte de Alicia es una de las que nunca podré olvidar, y no por su valentía en combate, la manera en que se desplazaba bajo bombas aéreas o esquivando balas enemigas; Alicia era mi vecina. 


Desde niño vi su mundo tan diferente al mío, y no lo comprendía, cuando logre entender la diferencia entre pobres y ricos, me di cuenta que en su caso era el menos favorable, la veía desde la ventana de mi casa caminar descalza, se bañaba bajo la lluvia con sus hermanos menores y reían hasta que caía la noche y su padre los llamaba. No me imaginaba a mi mismo en ese plan y mis padres me prohibían andar con los de su clase, lo cual tampoco entendía por qué. En las noches escuchaba llantos de sus hermanos, a veces porque, según mi mama, "Es necesario dar buenas lecciones de disciplina a la fuerza" luego se escuchaban repetidos chasquidos, como una fusta golpeando a un caballo,. Pero muchas otras veces, los pequeños lloraban de manera desesperada, cuando cumplí los 13, entendí que era hambre lo que pasaban, casi todos los días. Durante mi adolescencia me interesé por las artes militares, asistí a una preparatoria militar y me imaginaba siendo un patriota todas las noches al dormir, pensamientos interrumpidos por como un padre borracho golpeaba a su hija, y los horribles gritos de ella.


Con mis 17 años terminé mis estudios de preparatoria y antes de irme a la academia decidí tomarme un tiempo libre para estar con familiares, salir con amigos y fumar tabacos a escondidas, jugar béisbol en las tardes, y en las noches ver por mi ventana hacia donde ella estaba siempre sentada, me gustaba, eso seguro, ni las descendientes de la más alta alcurnia se podían comparar con su piel color canela, sus ojos claros como el ámbar y prismados en un espectro violeta, no era la más hermosa de la ciudad sin embargo para mi lo era. Pero algo le faltaba, se veía sola, se veía triste. Ya no sonreía.

Cuando estalló la gran guerra ya yo estaba en mis 38 años, y fueron 4 años que pusieron a prueba todos mis conocimientos, valores y fundamentos dados en la academia de infantería para quedar con vida y victoriosos en el conflicto, sin mencionar las largas horas de plantón, los exhaustos ejercicios disciplinarios las noches de guardia, horas de sueño perdidos y los cepillos que dejé gastados en los retretes de los coroneles. Muchos hermanos murieron, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, vi correr mucha sangre por las cordilleras y en las trincheras, vi como las balas opacaban la luz de la luna y eclipsaban con ella los ojos de la muerte, callando con un soplo estruendoso al silbido de la vida. cuatro años de baños de sangre y morfina, gases tóxicos y asfixiantes. Ya los gallos no despertaban en la mañana, lo hacían las sirenas antibombardeos, ya el sabor del polvo empalagaba, y el uniforme se convirtió en nuestra piel.
Cuando todo acabó, hasta al sol era extraño en la mañana, ya no irradiaba como antes, ya no veríamos el mundo de la misma manera, cuando fuimos nosotros mismos parte del desastre, cuatro años de masacre y a la final, ¿Realmente ganamos?

Cuando volví a casa, pasé tiempo aislado, ya no quería nada con nadie, estaba delirando,veía sangre en mis dedos, en mis cereales, en las paredes, al cerrar los ojos, estaba enfermo y los perturbadores sueños abrazaban mi tranquilidad hasta ahorcarla. Sentía que era la condena perpetua mandada por Dios para castigarme, hasta que ella me visitó. Una mujer, más que eso, una mujer con ojos fulminantemente hipnóticos, pero solo era su noble naturaleza, sólo era un halo de luces en carne propia. No dijo mucho -Tiempo sin verte.- y me tendió una carta del hospital local diciendo que ella me cuidaría, Y lo hizo.
Un mes fue suficiente para verme en condiciones estables, en una semana Alicia logró hacerme salir a la esquina, y al día siguiente al parque, podía hablar con los demás sin a idea de que alguien me fuese a pegar un tiro en la cabeza, o pisar una grieta y que explotara una mina. Me sentía bien, y mejoraba cada día, pero sobre todo cuando salía en las noches con ella. Largos paseos, me dieron a conocer su historia, luego de quedar sola con sus hermanos, logró crecer con un pequeño trabajo de limpieza a domicilio. Luego logró hacer su nivelación, y posterior a ello, entró como ayudante de enfermería, y al estallar la guerra sirvió en las ciudades destrozadas. Sus hermanos vivían con ella aún, eran parte de la milicia. Cuando me contó sobre su lucha contra el cáncer, me sentí más conectado a ella, ambos habíamos tenido grandes guerras, solo que la de ella no había terminado. Ella estaba más cerca de mi, era lo más preciado que tenia y nunca lo supo. Un 15 de Junio en la noche, después de haber hablado con ella y haberla abrazado por primera vez. Sus hermanos clamaron por ayuda, yo desperté de golpe, Alicia estaba muriendo, salí hacia su casa corriendo, cuando entré en su casa estaba tendida en la cama, sus ojos estaban fijos, ya no tenían brillo, su tez más pálida, y sus latidos cada vez más fríos en su terso cuello, su respiración apenas era un murmullo. Murió, en mis brazos, y no pude hacer nada.
Cuando el médico llegó no había nada que hacer, luego de su funeral, me culpe tanto por no hacer algo, puede reanimarla, pude llevarla corriendo al hospital, era mi culpa por no haber actuado rápido. Y ella se fue sin más, sufrió y no logré nada para mejorarlo..

Esa noche en la ciudad tembló, un temblor muy tenue, pero se hizo sentir. Alicia hizo sentir su muerte. Y se hizo sentir en mi mente tres días después de no lograr conciliar el sueño.
-Vaya que eres duro de visitar- dijo ella mirándome con una mirada dulce, serena y una voz muy cantarina.
-Nunca supiste cuánto te amaba- dije sin rodeos
-Siempre lo supe, Amadeus. No eras el único que veía por la ventana todas las noches- dijo ella dándome la más calurosa de las sonrisas.
Y desperté.

Tal vez Alicia no hubiese querido que yo me culpara por su muerte, pero nunca me imagine que su vida se iría literalmente de mis manos, todos estos años he bloqueado los recuerdos de la gran guerra, pero la gran guerra de Alicia aún sigue en pie, ella habrá perdido esa batalla, pero la guerra contra el cáncer continúa.

Stay strong, Fighters.


-Blakely

lunes, 5 de marzo de 2018

Nadie


Cuando estaba sobre los quince años tenía la libertad de hacer de la noche mi momento más feliz del día, podía tener la seguridad de que nadie me diría qué hacer, pues además de ser invisible para mi familia y otras personas, sentía la compañía de las estrellas, del olor de la playa paseando con la brisa, el sonido de un móvil colgado en la ventana, y el gusto de un cigarrillo acariciando mi garganta. Esperaba que todos fueran a dormir y saciaran sus gritos y discusiones, las cuales hacían sin ningún tipo de remordimiento, después de todo, yo era translúcido para ellos. Subía a la ventana del último piso y solo esperaba a que mis ojos se acostumbraran a la belleza de la oscuridad, gracias a las estrellas conocí los deseos que brindaban esas esferas fugaces. Gracias al olor de la playa aprendí a querer a mi casa, aunque en el fondo, sabía que no correspondía ahí. Gracias al sonido del móvil de la ventana escuché mi melodía favorita. Gracias al humo del cigarrillo conocí a la muerte de mis esperanzas, y a pesar de que me sentía acompañado, supe que para ellos tampoco era nadie.

-Blakely

sábado, 3 de marzo de 2018

El mundo está mal.


Un olor a eucalipto me adormece, me empalaga; sabor a Santa María y chimó lo endulza y refresca y aun sigo dormitado, siento como se cala el hueso al ser despojado el calor, el epicentro de mi tiritar es justamente donde florece el dolor, la rabia, la tristeza. Como raíz que crece en la sombra germinó el rencor por no deshacerme de sus semillas al final del día, siento calambres en mis nudillos, lloran entre las comisuras de la ansiedad la misma sangre que podría derramar por quienes son indispensables para mí, aún tengo polvo y hollín mezclados en mis heridas para vendarlas, sólo duele para recordar que podría estar peor, para recordar que el dolor me ayuda a estar bien, puedo tener la seguridad de que aún siento, aunque mi cara solo refleja el odio que tengo, puedo sentir dolor, puedo ser humano, pero debo reservarlo, no puedo revelarlo, sólo con eso me siento agotado.

Fragancia de vainilla en café de varios días, melifluo el pulso por el que deseo seguir, sonata de amónica en La menor que aligera el superfluo pesar del alma, tal cual voz en claro de luna bajo llovizna de dientes de león, se vuelve tóxico el oxígeno cuando vives del humo del cigarrillo, se vuelve extraña el agua cuando aprendes a nadar en alcohol, se vuelve pesado el rocío cuando te abrigas de polvo, se vuelve inconexa la mente cuando matas o matan a quien eres por hacerte creer que estas mal, cuando siempre has guerreado por lo justo.

No sé que es justo, tengo miedo de mis criterios, sólo pienso en defender a los míos por amor, pero por amor, debo hacer sufrir a otros. Palidezco ante esa idea ¿Sería correcto defender a los míos por odio y por odio debo hacer sufrir a otros? Explicaría la facilidad con la que he visto caer y caer.

Caen.

Caen Campanas, su estruendo hace temblar, opaca y ahoga mis gritos y abren compás al llanto, aguacero de metal que inunda, aturde y mata, su petricor no es más que gas que quema, arde y colapsa. Las aves ya no cantan, zumban y zumban como abejas con la intensidad de un león. Compasión no existe entre cielo y mundo, al menos, no ahora.

El concreto, vigas y hormigón es como el pajar de la aguja, y no consigo la salida, ser resiliente es una opción que no puedo tomar cuando corren ríos rojos hacia los grandes océanos. El Dios de mi corazón me ha blindado. Si muero será porque perdí la fe y no porque me han matado. Cuando el clarín de la patria llama hasta el clamor de la madre calla, pero no por el sempiterno silencio que quiere cubrir las voces de quienes lloramos vamos a colocar un puño de tierra para sepultar nuestro clamor. Si mi boca no fuese abierta, hablará mi fusil.

#PrayforSiria

-Blakely

jueves, 1 de marzo de 2018

Talking whit me

El siguiente texto no tiene ningún sentido, es simplemente un texto, un escrito. Si a alguien le interesa bien, tal vez le ayude a pensar un poco o solo distraerlo. Si no te interesa y sientes que tu tiempo se perderá pues no lo leas, a veces es bueno hacerle caso al subconsciente. Es lo mejor que puedes hacer. Después no digas que te lo advertí.


Basado en una conversación común entre una persona y sus pensamientos mientras escuchaba Creep - Alessandra Salermo (Cover).

He repetido la misma canción más de 14 veces seguidas, y no quiero escuchar otra que no sea esa. -Sheee's running out agaiiin- suena en angelicales tonos al compás de un armónico arpa. Tal vez busco tener esa calma, esa armonía de cuerpo y mente, como la canción, tan equilibrada, tan suave pero contundente, aunque tal vez sin tantos sentimientos encontrados. Simplemente es insoportable. Sensación tal dolorosa y confusa, tan confusa que aturde e intimida, letal para algunos, lección de vida indiscutiblemente, -I'm a weirdo-

¡Idiota!

¿De nuevo en éste punto? No es sano caer con la misma piedra y mucho menos, en un intento de patearla y alejarla del camino, es inevitable, pero es superable. Pero a ésto último, ¿y si no lo es? -I don't belong heeere- Si caemos en este pozo una y otra vez somos masoquistas o solo no sabemos cómo salir del ahogamiento de nuestra alma en un charco de sentimientos, por muy preparado que estés o intentes negarlo, el dolor más fuerte no siempre es el físico y en otros casos, no hay fármaco físico o intangible que pueda sellar una herida de ésta magnitud. -In a beatiful word-. La repito una y otra vez y no quiero escuchar alguna otra. Sólo quiero que la relatividad del tiempo me lleve a mil años de perdición entre gotas de vodka combinadas con el amargo y salado sabor de las mismas lágrimas que creí haber colgado en la horca de la indiferencia.

-You're so fuckin' special-

Dicen que todo es cuestión de control.

¡Basura!

El control se pierde hasta que el desorden se vuelve constante, a eso llamamos calma. A veces se nos olvida que vivimos en un completo desorden y lo llamamos orden. ¿Quién puede vivir en un desorden tan punzante en el pecho? No sé qué creer ya, trato de respirar hondo mas solo tengo suspiros asfixiandome. -Just like an angel- Yo.. solo quiero escuchar esa canción de nuevo, y recordarla, no a la canción, sino a la tarde en que la besé con esta canción de fondo y cuando empezó todo. Ésto asesina, pero su veneno es tan dulce...

-Blakely.




viernes, 16 de febrero de 2018

FlashBack


No paro de sentir esa incómoda sensación de observar tras la ventana del tren y sentir mi propia mirada casi perceptible en el cristal empañado distorsionando un poco a los árboles que saludan con el viento del atardecer. Acomodo mis auriculares en mis oídos y la melodía hace calmar un poco el sonido metálico de las vías y el rumor de las conversaciones de las demás personas, sin embargo, el sonido de un tren viniendo en dirección opuesta golpea las ventanas y me hace cerrar los ojos con fuerza, como el destello de un relámpago encandilando mis pupilas, mis recuerdos me llevan a esa habitación, mi habitación, con la puerta entreabierta, los gritos de mis padres discutir mientras sus sombras se asoman en la puerta, un sonido en seco abre el silencio, un golpe, una caída al suelo, un susurro autoritario, más silencio, el portazo y un sollozo.


Cierro mis ojos con fuerza y al abrirlos, veo a mi reflejo de nuevo en el cristal del vagón, el chillido de un niño me ensordece y el grito de su madre me lleva a la cocina, en la que crecí viendo a mi madre gritarse a si misma por ser tan infeliz, la que cada día me rechazaba por parecerme mas a él, a mi ebrio padre. Siento de repente el piso moverse, el vagón tiembla en una curva cerrada y una copa de vino cae al piso, una chica recoge los cristales y tras tomar el tercero se corta la Palma de su mano, y veo a mi hermana mayor cortarse lenta y dolorosamente sus muñecas en el garaje a oscuras, veo su mirada clavada en mi, veo su dolor, su frustración, su tristeza y aunque quiera ayudarla, solo me quedo inmóvil viendo como cierra la puerta frente a mi mientras sus ojos llorosos dejan caer lágrimas en sus mejillas.



Y estoy yo, tomando mis cosas, escapando de casa, y aunque haya escapado de mi pasado de alguna manera, mis recuerdos son el castigo a pagar, mi tormento, estoy encadenado a ellos y solo siento la melancolía en mi pecho mientras el sol se oculta tras el horizonte que da a pasear los últimos rayos de luz a la vez que el tren se detiene en la siguiente estación.



-Blakely